Durante las últimas semanas tuve la oportunidad de pasar algunos días en Francia visitando algunas de las zonas vitivinícolas más importantes y conocer de primera mano el proceso que siguen para la realización del vino que cada productor (o Chateau, como dicen allá), fabrica y produce cada año. Especialmente en Bordeaux pude visitar a algunos productores mientras estaba llevándose a cabo del proceso de cosecha y posteriormente, de vinificación. Sin duda una experiencia fascinante: ver como aquellas acciones descritas múltiples veces en los libros de texto que uno tiene que estudiar sobre la materia nos dicen, y que al final de cuentas, toma otra dimensión cuando uno lo puede ver en vivo y a todo color.
Y en ese sentido, al finalizar mi estancia para observar este proceso de producción del vino, fui a comer con un amigo y decidimos ir a un lugar famoso por su carta de vinos. No pudimos entrar debido a la gran cantidad de gente, así que nos pasamos al lugar de enfrente y como suele suceder en estas cosas, llegó el momento de pedir el vino para la comida. Mi amigo me dice: “tú sabes de esto, así que tu escoge”. Era un lugar pequeño y casero; el mesero muy amablemente nos dijo que solamente habían ofrecido dos vinos ese día pero que solamente les quedaba uno de ellos de la zona de “Ventoux”. Debo admitir que después de tantos libros leídos y estudios llevados a cabo en esta materia, no pude recordar de qué tipo de vino me estaba hablando o la región de la cual hacía referencia. Ya antes había tenido experiencias muy buenas comentando con diversos colegas de la materia; por ejemplo, en Bordeaux pude asistir a una cata de vinos hechos con la uva Merlot provenientes de Francia, Suiza y México. Yo pude contribuir un poco a la discusión, pero al final de cuentas, la calidad del vino habló por sí sola.
Pero no fue así en esta última comida cuando nos ofrecieron el “Ventoux”. Debo admitir que tuve que buscar en línea la “apelación” de la que me estaban hablando. No pude recordar que Ventoux es una zona en el sur de Francia que produce vinos hechos principalmente con la uva “Grenache” (o Garnacha, en español). Y mi amigo, con una sonrisa ligeramente burlona, me decía: se supone que tú tenías que saber eso. Y quizá sí, porque después encontré en uno de mis libros de texto del vino que, dentro de las tantas páginas dedicadas a Francia, había un pequeño párrafo sobre Ventoux.







