La inflación ha vuelto a tomar un papel central en los medios financieros. No expondré en esta breve reflexión demasiados números ni estadísticas comparativas, con el fin de agilizar la lectura, pero al menos debemos dar un marco de referencia para entender la magnitud del problema que tienen algunos países, y que es sumamente variado. Si bien es cierto que la inflación global se disparó a raíz de la recuperación económica luego del confinamiento, las condiciones estructurales de cada país, y las decisiones que tomó durante la fase crítica, impactaron de forma significativa el escenario que cada uno enfrenta el día de hoy.
Según los últimos datos del Banco Interamericano de Desarrollo[1], las expectativas de inflación anuales, basadas en lo que va del 2021, son mayores para los países que tienen economías más grandes, Brasil y México, que para el resto, con dos casos especiales que mencionaremos abajo. Nuestro país aparece con 5.9% de inflación general, y el país sudamericano con 6.3%. Colombia, Guatemala y Paraguay no rebasan el 4% en la proyección. ¿Quiere decir que su recuperación va mejor que la nuestra o que la brasileña? No precisamente. En México tuvimos algunas décadas de doloroso aprendizaje económico inflacionario, pero porque fuimos un caso atípico de crisis de laboratorio, por el impacto económico inmediato que tenía la inestabilidad política (cada fin de sexenio) y la vulnerabilidad del país debido a su enorme deuda en dólares a corto plazo y el efecto devaluatorio de la salida indiscriminada de inversión extranjera indirecta, en papeles en lugar de negocios tangibles. Para decirlo más sencillo; durante años México fue el poster boy de lo que sucede cuando obedeces las recetas neoliberales recomendadas por el FMI sin protegerte de los riesgos a partir de una regulación mínima de los jugadores financieros a gran escala. Hablamos de inflación de más del 100% anual en repetidas ocasiones.
Naturalmente, aprendimos a asociar la inflación con periodos de crisis multidimensionales, donde a una devaluación masiva seguían quiebras masivas, vacío de reservas internacionales, precarización del salario mínimo, que a su vez estaba indexado a todo, y en general, a depresiones económicas cíclicas donde todos perdían, excepto aquellos que en todo o en parte habían provocado la crisis.







