Los militantes radicales de cualquier ideología suelen ser muy desmemoriados. Y hay otros peores, los que se arrogan el monopolio de la memoria y su interpretación del pasado tiende a ser abusiva, cuando no deliberadamente esquizofrénica. Hablando de la historia económica, la hegemonía del discurso de la escuela liberal clásica a partir de los años ochenta se encargó de borrar la cara más desagradable de un liberalismo exclusivamente económico, que llevado a los extremos siempre es violatorio de derechos humanos, empezando por los derechos laborales. Para decirlo más sencillo: cuando se ha dejado al mercado asignar todos los bienes en la sociedad, sin regulación alguna ni intervención estatal de ningún tipo, el resultado ha sido, siempre, la ley del más fuerte.
La reflexión anterior la motivó mi revisión de las estimaciones mundiales sobre trabajo infantil que publicó la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en su edición más reciente. Cuando los defensores del anti estatismo se quejan de las leyes laborales que dificultan los despidos injustificados (la rotación, dicen ellos) y reconocen el derecho de huelga y la libertad sindical en general, olvidan que fueron las prácticas del siglo XIX las que llevaron las cosas a situaciones límite, especialmente aquellas que se basaban en la supuesta libertad absoluta de trabajo y contratación; eso posibilitaba que las mujeres “accedieran” a ser despedidas si se embarazaban, y a que niños de 6 años trabajaran jornadas de 12 o 14 horas en minas o en fábricas hasta que les sangraban los dedos. Hoy persisten casos. El trabajo infantil es una de las vergüenzas que la humanidad entera (occidente incluido) no ha podido sacudirse.
Según el informe, 160 millones de niños están en situación de trabajo infantil, de ellos, 79 millones realizan trabajos peligrosos. Respecto de la última medición quinquenal ha empeorado, pues , en 2016 se registró 151.6 millones de niños en trabajo infantil y 72.5 millones en trabajos peligrosos. Es la primera vez que se muestra un incremento en números absolutos desde que empezó a tomarse ésta estimación en el año 2000.







