Cuando uno estudia sobre el vino, Francia siempre es un referente. Sería difícil imaginar cualquier tipo de conocimiento del vino que no pase necesariamente por hacer referencia al caso francés; muchos incluso dirán que este país es la capital del vino y que no hay mejor vino que aquél que se produce dentro de las fronteras del hexágono (como le conocen los franceses a su país, por la forma parecida que la geografía tiene con este trazo geométrico).
Al abrir cualquier tipo de libro sobre el vino, las regiones en Francia destacan de inmediato: Bordeaux, Bourgogne, Rhone, Loire, Champagne, etc. Todas ellas diferentes y todas ellas productoras de vino de alta calidad. Sería difícil asegurar cuál región es mejor que otra, o cuál es más importante que otra. Actualmente quiero hablar de la región de Bordeaux, porque es lo primero que se viene a la mente cuando pensamos en Francia, quizá a la par de Champagne. Cuando decimos que estamos tomando vino de Bordeaux, normalmente lo asociamos con vino de alta calidad, elegante, potente, etc. Pero hoy quiero hablar de algunos contrastes que he podido observar en la región cuando he tenido oportunidad de visitarla.
En primer lugar lo que me llama la atención es que no todas las personas que viven en la ciudad de Bordeaux saben de vino o les gusta el vino. Si bien la mayoría de la gente en Francia toma vino, la cantidad de litros en promedio que las personas consumen al año ha disminuido casi 3 veces desde los años 60s hasta la fecha (260 litros vs 80 litros actualmente de forma aproximada). Aún así, Francia es de los países que más vino consumen en el mundo. La segunda cosa que me llama la atención es que no todo mundo en Bordeaux sabe demasiados detalles del vino (para ello se requiere estudiar). Por ejemplo, cómo leer una etiqueta apropiadamente, o saber decir qué tipo de varietal o características del vino hay en las diferentes “apelaciones” (regiones con denominación de origen).







