Las olimpiadas son la mayor celebración de los deportes a nivel mundial y una muestra de la grandeza, disciplina y talento de aquellas personas que dedican su vida a ellos. No obstante, en la última edición de estas, los problemas de salud mental, que han afectado a los atletas de alto rendimiento desde hace mucho tiempo, tomaron un nuevo nivel de visibilidad.
Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 lograron llevarse a cabo, pero no fueron inmunes a la crisis que vive el mundo debido a la pandemia provocada por el virus del COVID-19. Después de más de un año de encierro, de angustia, de ansiedad, de metas estiradas, de personas que no se pudieron retirar y debieron posponerlo, los retos físicos y psíquicos de los deportistas más célebres del mundo se hicieron más evidentes que nunca.
Y es que no es sorpresa la pesada carga que tienen estas personas sobre los hombros, frente a un público que cree que no son humanos, cuando sí lo son, y que no entiende que en la mente de un atleta, los Juegos Olímpicos comienzan mucho antes de la fecha de su celebración, y supone un largo proceso de formación, preparación y capacitación previa. Y si estos no están al 100% en mente y cuerpo, los riesgos a los que se exponen pueden ser fatales.







