Es evidente que el Presidente Andrés Manuel López Obrador utilizará en los últimos tres años de su gobierno la campaña permanente para influir en las próximas contiendas electorales. Tal como lo hizo en la elección pasada del 6 de junio donde no solamente habló durante sus conferencias mañaneras sobre temas electorales sino que, aunado a la violación de la ley de la materia por incurrir en acciones proselitistas y de inclinación política, atacó libremente a la oposición pese a los apercebimientos emitidos por la INE sin consecuencia alguna en su momento, ya que el pasado miércoles 30 de junio se dictaminó por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación donde confirmó sanciones a López Obrador por difusión de propaganda.
¿Cuál es el juego político que se fragua desde Palacio Nacional?
Sin descanso alguno y a casi un mes de haber concluido el periodo electoral se está llevando a cabo la publicidad por distintos medios de comunicación y en redes sociales la “Consulta ciudadana para enjuiciar a los expresidentes” desde Don Carlos Salinas de Gortari hasta Enrique Peña Nieto, “señalados” por diversos delitos en contra del pueblo de México.
Uno de los temas más controversiales en el ámbito político entorno a las acciones de AMLO en funciones como Presidente de la República es la falta de coherencia y lógica entre su discurso con los hechos. Por lo que la polémica se mantiene y en algunas ocasiones aumenta debido a en su contrariedad discursiva cuando era opositor y candidato a la presidencia del país a la actualidad donde se encuentra en el poder para cumplir con lo prometido, es decir, existe un vacío – socavón – (como el que se creó en el estado de Puebla) que permite discernir entre la realidad con la fantasía. Tal como lo describen Jonathan Swift y Nicolas de Condorcet en sus magníficas obras literaria satírica tituladas “El arte de la mentira política” y “¿Es conveniente engañar al pueblo?” (biblioteca Pensamiento Crítico, 2010). En resumen, es la descripción amplia de la actuación de López Obrador durante su carrera política, en la cual, arroja un resultado interesante que hoy es la frase de su gobierno “La esperanza de México”. Es preciso decir que al mantener la esperanza es lo último que muere. Por lo que la gente – el pueblo – se mantendrá con la misma esperanza de salir adelante, pero ¿cómo hacerlo ante un pensamiento cerrado del mandatario al mencionar que “ser aspiracionista es ser egoísta”?







