México se encuentra en una situación totalmente distinta de la que había en la década de los ochenta e incluso en la década de los noventa. La afirmación sería una obviedad si no fuera porque, una semana sí y otra también, numerosos analistas y políticos insisten en analizar cifras y acontencimientos presentes con categorías, dogmas y descalificativos del pasado.
Hace unos días, nuestro país realizó un pago histórico al servicio de deuda externa, lo que revela, de forma incontestable, que ha existido un manejo sano de las finanzas públicas, pero además, la clara intención de dejar mejores condiciones macroeconómicas a las administraciones que vienen. Es común que los gobiernos se dediquen a resolver los problemas urgentes, porque son inevitables, y a preocuparse por temas de consecuencias políticas de corto plazo, porque son esos los que les generan dividendos que pueden aprovechar en su horizonte de vida política (el trienio, sexenio, o lo que corresponda). Sin embargo, una de las dimensiones que deberían ser parte de todos los planes de gobierno es la contribución, así sea modesta, a los problemas estructurales que trascenderán la administración e incluso la vida de los integrantes.
Dejar de lado los grandes problemas y centrarse en la coyuntura exclusivamente, es lo que ha generado que, a lo largo de varias décadas, temas como la contaminación, el déficit, la pobreza y la violencia se incrementen en los países, mientras los sucesivos gobiernos se concentran en dinamitar lo que hicieron los predecesores. En México, concretamente, fue práctica común endeudarse indiscriminadamente y a largo plazo, para subsanar errores de política hacendaria o monetaria cuyos responsables hace tiempo que dejaron de estar entre nosotros. Aunque parezca increíble, las mexicanas y mexicanos seguimos pagando, año con año, los intereses causados por rescates financieros derivados de las crisis ocurridas en los sexenios de José López Portillo y Miguel de la Madrid, por ejemplo. Por eso, en una democracia, y con una historia como la nuestra, se agradecen los gobiernos que se ocupan del presente sin despreocuparse del futuro.







