En la tercera entrega de esta serie de artículos que decidí escribir sobre cómo las uvas adquieren las características del terreno donde crecen, el clima y las alternativas usadas por los productores de vino para generar un producto determinado, quiero hablar de la uva Syrah que también es conocida como Shiraz. Yo recuerdo que hace muchos años, una amiga me dijo que había probado un “shiraz muy bueno” y yo me preguntaba si esto era lo mismo que Syrah. Suponía que no podía ser tan diferente y que en el mundo del vino no habría tantas uvas con nombres tan parecidos y que fueran diferentes. Estaba yo cierto en lo primero (Syrah y Shiraz son la misma uva, prácticamente) pero no en lo segundo (hay muchas uvas con nombres parecidos que no son lo mismo, como Chardonnay y Chardonel, que aunque parecidas, no son iguales).
En ese sentido, el Syrah y el Shiraz son conocidas con dichos nombres dependiendo del país o la región de la que estamos hablando, y por ende, el estilo del vino en cuestión. La primera distinción es que el Syrah hace referencia al vino del “viejo mundo” (es decir, Europa) mientras que el Shiraz se refiere al nuevo mundo (todo lo que no es Europa) como es el caso de Australia, donde encuentra su principal exponente.
La uva Syrah es vastamente plantada en Francia, en la zona conocida como el Valle del Ródano, donde da origen a vinos de mucho prestigio como aquellos que provienen de la zona de “Hermitage” o “Cote Rotie”. Esta uva suele tener aromas y sabores a moras, a cerezas, a ciruela, a especies y a pimienta (esta última es muy característica de este vino). Encontraremos que además estos vinos restringen un poco los aromas frutales y tienen cierto sabor a “minerales”, que nos recuerdan el terreno y el clima donde crecen. Por ende el estilo del vino Syrah es precisamente este, donde el clima templado y frío provocará que la uva tenga menos azúcares y mayor acidez.







