En México lamentablemente tenemos muy introyectada una especie de cultura de la queja. Nos la pasamos quejándonos de todo lo que advenga en la vida. Que si hace frío, que si hace calor, y así un montón de quejas que van desde lo más nimio hasta lo más trascendente. El punto es que no nos enfocamos en aquello que sí nos puede producir un bienestar. Tan solo observe cómo es su ámbito laboral, ese micromundo en el que nos desenvolvemos diariamente es en lo cotidiano de un nicho de quejas, la mayoría de las personas están inconformes con lo que hacen diariamente y no lo digo yo, lo dicen todas las encuestas de satisfacción laboral por lo tanto, la queja es la enunciación cotidiana de cada persona. Esto se reproduce en la familia, de ahí que tenga casi puras amigas solteras porque me cansé de escuchar a algunas solo quejándose del esposo; de la familia lo trasladamos a la sociedad. La queja como modus vivendi del mexicano, ¿triste no?
Todo esto es una inercia que traemos quizá de tiempos ancestrales sin embargo ¿nos hace felices? Obviamente no, no puede generarnos bienestar estar contantemente enfocándonos en lo negativo de todo y esto que digo tiene fundamento científico pues son ya varios los neurocientíficos que han reconocido el impacto de las emociones en el cuerpo físico y la mente y en cómo esto nos determina para estar en el mundo. Así pues, si queremos seguir sintiéndonos mal pues sigamos siendo los mismos pero si en verdad queremos un cambio en la vida y en el mundo tenemos que asumir la responsabilidad de nuestra propia existencia y dejar de esperar que venga un gobierno a satisfacer nuestras necesidades o peor aun, a resolver nuestros problemas.
Piense tan solo en el ejemplo que daba, una amiga casada que todo el tiempo se queja del esposo; quizá al inicio la escuchaba, la trataba de comprender y si era preciso hasta consolar pero si año tras año sigue el mismo discurso de queja ¿no es lo más lógico que ella se separe y tome las riendas de su propia vida? Pero entonces por qué aunque se sienta tan infeliz ¿sigue ahí? Pues porque es muy cómodo ser la víctima, finalmente no le falta nada para su sobrevivencia y se ha acostumbrado tristemente a quejarse en lugar de arriesgarse. Algo parecido es lo que hacemos todos cuando vivimos quejándonos de cuanta cosa pasa pero si comenzamos a enfocarnos en lo que también pasa y que nos beneficia quizá encontremos menos cosas por las cuales quejarnos. Y no, esto no es un mensaje motivacional, antes muerta que ser un coach todo esto lo digo desde las teorías de la neurociencia en donde se ha descubierto que si practicamos la gratitud nuestros niveles de cortisol, la hormona del estrés, se reduce considerablemente lo cual nos genera menos malestares físicos y más calidad de vida, segregamos más serotonina, este neurotrasmisor conocido por ser el neurotrasmisor de la felicidad lo cual por ende nos hace sentir bienestar. Algunos estudios hechos en grandes universidades[1] se han enfocado en estudiar el impacto que tiene el ser agradecido en el bienestar de las personas y han puesto a un grupo de personas a que lleven un diario de la gratitud y a otras que hicieran su vida tal cual, con el tiempo resultó que aquellas que solían hacer consciente el acto de agradecer tenían mejor sistema inmunológico, su nivel de mortandad se redujo el 43% , su vida tenía mucho más calidad, sus proyectos y anhelos se concretaban, eran mucho más sanos y por lo tanto, se sintieron más felices. Tenga o no sentido esto para usted, es un hecho comprobado.







