No debe extrañar que los políticos mexicanos brinquen de un partido a otro, y hayan portado todos los colores del arcoiris a lo largo de su carrera. El sistema de partidos en México siempre ha sido permeable, y las ideologías que sostienen, bastante acomodaticias. Durante dos décadas se suponía que el PRD era la izquierda, el PAN la derecha y el PRI un centro maltrecho, pues lo era solo por exclusión. Estas coordenadas del espectro político tenían cierto sentido, puesto que es ridículo hablar de una sola izquierda o una sola derecha, partiendo de tipos ideales que no se adecuan a la historia del país que se estudie; si nos ponemos muy puristas, como izquierda solo podría calificar un partido jacobino o uno compuesto únicamente de profesores de la UAM, de los que siguen leyendo El Capital como si fueran las sagradas escrituras. Pero no, nuestra izquierda real, a la mexicana, es un autoritarismo cursi y resentido con visos cardenistas. Y es así desde Cárdenas.
¿Y qué es la derecha? ¿El fascismo nacionalista de los italianos o esa turba mea sotanas carente de sentido del ridículo que es Vox, en España? Si es alguna de esas, entonces aquí no tenemos una verdadera derecha. Pero como por razones discursivas e históricas alguna había que tener, entonces nos conformamos con los empresarios panistas que van a misa, o con quien el presidente diga, según como venga de cargada la semana. Hay cierta legitimidad histórica también en llamar derechistas a los gobiernos priístas de Miguel de la Madrid, Salinas y Zedillo, porque las reformas económicas que instrumentaron estaban alineadas al consenso de Washington que impusieron Ronald Reagan y Margaret Tatcher, conservadores anti – estatistas de cepa.
Todo lo anterior no es tan absurdo como podría pensarse, porque izquierda y derecha, por sí solas, no significan nada, no son útiles para explicar ninguna realidad concreta, y en todo caso son asunto de doctorandos ociosos. Para que la geometría política sirva de algo, hay que partir de un centro real, y ese siempre tendrá lugar, tiempo y circunstancia. Por eso la izquierda mexicana es tan izquierda como la rusa, siempre que no se intente con cada una explicar otras tradiciones.







