Cada día es más común ver como los medios de comunicación y las redes sociales, desde un esquema mercantilista, usan a la violencia como un recurso para que los consumidores asiduos no dejen de devorar su contenido. Ya sea real o ficticia, la violencia, los asesinatos, y en general el morbo que perturba lo habitual, se han vuelto el deleite de miles de personas.
Esto se debe, por una parte, a que la atracción por lo prohibido y la fascinación por lo malo, por lo reprobable, siempre despiertan en las personas curiosidad. Por otro lado, la violencia se ha normalizado tanto que hay personas que han aprendido a ganarse la vida a partir de la desgracia ajena.
Ya sea cuando se muestra el caos y los destrozos ocurridos después de un encuentro de fútbol, la terrorífica narración del homicidio de una persona, los enfrentamientos brutales por el narcotráfico, una serie de televisión, un videojuego o inclusive en la música, vivimos en una época que hace alabanza al delito y la violencia. Y más allá de esto, la justifica, pues en la ficción el personaje principal TENÍA que matar al villano, o en la realidad un individuo tomó justicia por propia mano, a falta del apoyo de las instituciones correspondientes (por sólo nombrar algunos ejemplos).







