El pasado domingo 4 abril dio inicio formal la carrera electoral 2021 para la cámara de diputados federales, quienes por primera vez, desde 1933, pueden permanecer en su cargo por el primer periodo de 3 años de forma consecutiva que les permite la Constitución Mexicana en el artículo el 59; el cual, por cierto, se modificó en el año 2014, durante el periodo neoliberal.
Muchos supusimos que esto no se iba a realizar de forma masiva y colectiva, pero para nuestra sorpresa, de los 500 diputados la gran mayoría de ellos sin importar si eran de representación proporcional o de mayoría relativa, decidieron junto con su partido buscar su reelección; lo cual me parece es un foco rojo después del triste papel que ha desempeñado la cámara federal a lo largo de estos últimos 2 años y 7 meses, uno pensaría que por vergüenza muchos de los Diputados no se postularían para otro periodo más, dándole oportunidad a nuevos actores políticos a impulsar las reformas federales que se necesitan para el desarrollo nacional, creando un pacto federal acorde a los tiempos y con una visión a largo plazo, creando el ambiente adecuado para cumplir con los compromisos internacionales tales como el tratado de libre comercio o lo establecido en la agenda 2030.
Sucedió lo contrario, los diputados y sus partidos apostaron por una aprobación a la gestión que han venido haciendo en esta legislatura; bajo un falso sentido de autoaprobación, más creo que la mayoría se ha olvidado que no representan a un partido con el cual seguramente están quedando bien, sino a una sociedad la cual les dio un mandato para unificar acciones que beneficien a todos los mexicanos; si bien llegan postulados por un instituto político con una cierta ideología, una vez que toman su cargo deben de trabajar y responderle a todos los ciudadanos, siendo un peso de equilibrio para la correcta gobernabilidad de la nación y no unos aliados sumisos del poder ejecutivo.







