Al presidente no le bastó con defender a Félix Salgado Macedonio, un hombre con denuncias por violación que quiere ser gobernador, tampoco etiquetar de conservadoras a las mujeres que se manifestaron en contra de que un violador llegue al poder, tampoco le bastó con poner vallas enormes que protegieran el Palacio Nacional durante la marcha del 8 de marzo. Nada de esto fue suficiente para dejarnos claro que no está dispuesto a dialogar y tomar acción ante el problema que representa la violencia de género en un país donde asesinan a 11 mujeres todos los días por ser mujeres, al contrario, lo que hizo el pasado 8 de marzo, en conjunto con el Gobierno de la Ciudad de México, fue reprimir violentamente a las mujeres que salieron a manifestarse.
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Es verdaderamente alarmante que cada vez que las mujeres salen a adueñarse de las calles, se les recibe con más violencia. Les importa más proteger sus inmuebles y monumentos que accionar para solucionar de raíz el problema de la violencia de género, además de los feminicidios, en este último año y con la pandemia los niveles de violencia en el hogar han aumentado considerablemente, lo mismo sucede con la sobrecarga de tareas de cuidados. Ahora millones de mujeres trabajan y atienden sus hogares e hijos o personas que requieren de cuidados al mismo tiempo.
Cuidados que no son remunerados y que, en muchos casos, son acompañados de infiernos sumidos en la violencia intrafamiliar. El confinamiento ha golpeado con más fuerza las mujeres, la caída de muchas en pobreza extrema es notable y no hay programa social orientado a subsanar esta terrible realidad. Lo que tenemos son descalificaciones por parte del presidente y complicidad de su gobierno que no va más allá de condolecerse con palabras cuando lo que necesitamos millones de mujeres son acciones contundentes y urgentes en materia económica y de justicia. Que nos permitan tener libertad, seguridad e independencia.
Lo que exigimos las mujeres es la garantía de nuestros derechos, exigimos la justicia social que históricamente nos ha sido negada. Estamos exigiendo condiciones fundamentales para vivir digna y libremente. ¿Es tan difícil que el presidente lo entienda y se vea en la necesidad de preguntar qué es el pacto patriarcal a Beatriz Gutiérrez, su esposa, antes de cuestionarse por qué las mujeres exigimos con tanta insistencia que se nos voltee a ver y haga algo?







