Por Gabriela Hernández Quintana
A finales de enero diversas instituciones comenzaron a publicar sus expectativas de crecimiento económico para México durante el 2021 y aunque algunas de ellas elevaron sus números a más del 4% es inevitable preguntarse como es que medimos el crecimiento y si estas variables podrían cambiar o alterarse debido a los retos que presentó el año pasado. Entre los pronósticos más destacados el IDIC (Instituto para el desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico) estima un crecimiento de 4.3% a partir de abril de este año. Por su parte el FMI (Fondo Monetario Internacional) mejoró su pronóstico de 3.5% a 4.3%. Sin embargo, este crecimiento se encuentra aún por debajo de los años anteriores a 2020 y esta basado en la apertura económica resultado de la vacunación. Estas estimaciones son sin duda útiles pues nos ayudan a tomar decisiones y estar preparados para la difícil situación económica en la que estamos viviendo. Pero recordemos que el 2020 además de haber sido agitado por el virus COVID-19 y poner en retrospectiva lo más valioso que tenemos, nuestra salud, y a la economía mundial; reveló grandes problemáticas en temas como medio ambiente, género y el desarrollo tecnológico.
Este nuevo año debe hacernos reflexionar que el crecimiento económico, muchas veces impulsado por el comercio exterior en el caso de México y variables estrictamente económicas, debe englobar a todos los sectores y garantizar que la población tenga acceso a servicios básicos como lo son salud, educación y demás. La pandemia llevó efectos positivos en materia ambiental como fue la claridad de los canales de Venecia, dando cuenta de el enorme impacto que tenemos los seres humanos en el planeta por lo que es necesario repensar los compromisos adquiridos en temas ambientales y tomar acciones que impacten de manera directa y positiva. Por otro lado, el acceso a la salud y la educación de grupos vulnerables y mujeres se vio altamente impactado; en el caso de la salud por su sobre carga ante la crisis y su ya conocida burocracia e ineficiencia. Por otra parte, la educación y el acceso a ésta se volvió enteramente dependiente al acceso a la tecnología, fuera esto una televisión o internet; provocando que según el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) aproximadamente 628 mil estudiantes abandonaran sus estudios.







