Tiene su interés (y su utilidad para México) lo que está viviendo el nuevo gobierno de Estados Unidos. Sostengo que los gobiernos populistas, como el de Donald Trump, tienen una retórica más inflamatoria que eficaz para cambiar la realidad. De hecho, una de las características de los regímenes anti sistémicos, es que su discurso se vuelve más violento mientras menos cambios reales pueden conseguir en el arreglo político de que se trate, y esto termina ocurriendo casi siempre, porque como ha dicho más de un historiador, las elecciones cambian gobiernos, no países. Pero eso no quiere decir que el discurso no haga daño. Miles de familias de migrantes cuyos hijos pequeños les fueron arrebatados por la policía migratoria, así nos lo recuerdan.
Por eso, no deja de ser reconfortante que en menos de una semana, el presidente Biden haya firmado una avalancha de órdenes ejecutivas, cuya intención es revertir las que en su momento firmó su antecesor. Algunas son sobre temas migratorios, otros de salud, pero en general se trata de ampliar la cobertura de derechos humanos a todas las personas, en lugar de la restricción selectiva que Trump había hecho en razón de nacionalidad, ciudadanía, y (de forma más velada pero muy real) condición económica y racial. Lo otro que destaca por su ausencia es la relevancia mediática de Trump, que fue efectivamente silenciado por las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales. Su nombre sólo aparece en lúgubres prospectivas sobre el futuro de sus negocios y batallas legales, y por el tema del segundo juicio político, cuya posible sentencia absolutoria puede ser el último autogol que se metan los demócratas en esta historia. Si ellos no hubiesen mantenido viva la figura de Trump con ese nuevo proceso, ya habría desaparecido por completo.
Esto nos permite subrayar tres ideas, por lo menos: primero, que el gobierno de Donald Trump provocó daños considerables en la imagen de su país, pero arrojó cambios más transitorios que estructurales en su realidad política. Al tratarse de acciones sin respaldo mayoritario, fueron reversibles con cierta facilidad una vez que dejó el cargo.







