Ya nos agarró el modo

Twitter: @JesusFraRom

Llevamos varias semanas hablando de una improbable rifa del avión presidencial, adquirido por el ex presidente Felipe Calderón y usado (y gozado) por su sucesor, Enrique Peña Nieto. Hay varias propuestas. Una de ellas, la rifa. Otra, una posible renta, que ahora se sabe hay una oferta por 200 millones de pesos por periodo de un año.

Y luego, en un destello más de una estrategia de comunicación política en la que el titular del Ejecutivo Federal marca la agenda mediática, dijo que enviará una iniciativa al Congreso de la Unión para eliminar los “puentes” (que en realidad son fines de semana largos y se diseñaron para contribuir a la derrama económica por turismo), para que ahora las fechas cívicas se conmemoren en el día exacto que sucedieron.

Luego, vienen sus giras de fin de semana. Desde ahí, marca una agenda efímera, pero funcional. La última puntada fue el mote que le lanzó a la corrupción a la cual, dijo, todos le hacen el “Fuchi Caca”. Así, nuevamente el primer mandatario baja un discurso a la descalificación que muchos aplauden y del cual otros tantos se burlan, pero por la forma y no el fondo.

Temas torales como la violencia, los feminicidios, terminan politizándose.

Hoy, ha entrado al quite el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, quien ha levantado un par de polémicas. El primero, “alguien” encendió las redes diciendo que su renuncia era inminente. Algo que, sin duda, debilitaría aún más el sistema de procuración de justicia en el país. El segundo, toda la polémica que ronda su “propuesta” de eliminar el feminicidio. El fiscal lo ha resumido así:

“Si, simplemente, se tipifica y se mantiene el delito de Feminicidio como un homicidio en contra de una mujer; este Feminicidio debe tener el agravante y la penalidad más alta, que debe ser de 40 a 70 años; que es superior a la que actualmente se aplica en cualquier delito de homicidio calificado o agravado.”

Hay que reconocerlo: el presidente sabe marcar su agenda que termina siendo la de toda la prensa. Quizá falta un campo más democrático en los medios de comunicación, donde se permita que el modelo de negocios no se centre en “responder al interés o el bienestar máximo del funcionario”.

También, López Obrador debería marcar una sana distancia con la prensa crítica y dejar que hagan su trabajo. Si es bueno, ayudará a que los lectores fortalezcan su deseo crítico-democrático. Si es malo, abonará a que surjan medios, si no independientes, que apuesten por un periodismo no-efímero y que a través de su investigación promuevan la transparencia y una justa rendición de cuentas.

El primer paso para que haya crítica es dejar de irnos con la “ola” de los opinólogos que luego de ver la mañanera dejan de ver lo que es verdaderamente trascendental en la vida pública del pueblo mexicano.

Las opiniones vertidas en la sección de Opinión son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista de Gluc.

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