Y sonríe Villarreal

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Twitter: @IsaidMera

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“Es que está viendo el camino”. El camino no existía, pero se lo inventó este corredor que representó, nunca mejor dicho, a México.

La narración de Fernando Palomo (ESPN) le dio una emoción mayor a la competencia de José Carlos Villarreal que por sí misma tuvo épica.

Villarreal corría agazapado en el cuarto lugar faltando una vuelta a la pista en la competencia de los 1,500 metros. Faltando poco más de 200 metros, el canadiense William Paulson se lanzó al ataque en busca del oro abriendo una brecha con los demás corredores.

En la última curva, el estadounidense John Gregorek le siguió en la zancada, lo que hacía suponer que entre ellos dos se disputarían el oro. Pero ahí atrás venía Villarreal, quien aún no sonreía, más bien se le veía serio, concentrado en su trabajo.

No lo sé, pero en ese tramo final de la competencia pienso que es el alma la que da el impulso a las piernas para poder alcanzar la gloria.

Y ahí iba Villarreal acelerando el paso. Esto mientras a Paulson se le desencajaban la cara y las piernas dramáticamente. Gregorek venía seguro de su paso, y en su rostro no había expresión alguna.

Por fuera Villarreal superó a los dos y ahí, sí, ahí, sonrío. ¿Qué pasa por la cabeza de un atleta que se ha preparado por años para una competencia a la que le quedan escasos segundos y ve cerca el triunfo?

No tengo idea, pero en un ‘mexicano’ popular imagino un “¡Cómo chingados no!”

Paulson sufría más que nunca, y Gregorek tuvo una ligera expresión cuando vio que Villarreal lo dejaba atrás, que traducida al mismo ‘mexicano’ sería equivalente a un “Ya valió madres”.

Y luego vinieron los metros finales, con un sonriente Villarreal que voló con la soltura que da el saberse ganador, el mejor de todos, que el esfuerzo y sacrificios de años valieron -Skitchy dixit- cada maldito segundo.

La carrera de Villarreal, les decía, emociona por sí misma, pero también porque Villarreal es México, su gente.

México es ese corredor que muy probablemente no tuvo el apoyo gubernamental necesario, pero que tiró de corazón y amor propio para salir adelante, y ganar.

México es ese joven atleta que anda en la pista de la vida sonriendo porque sí, y ¿por qué no?

También es ese que luego de ganar fue a abrazar al otro mexicano, que no ganó una medalla, pero igual sonreía porque uno de los suyos hizo que nuestro himno sonara para entonarlo con orgullo.

México es ese que cuando algo parece complicado dice: ¡Cómo chingados no!

Villarreal sonrió y luego México lo hizo con él. Y lo seguirá haciendo, como ayer, como hoy, como siempre.

La Puerta Grande: Villarreal fue héroe, como lo fue también Laura Galván y su fascinante carrera, como lo fueron todos los atletas mexicanos con su extraordinaria participación que nos llena el corazón de felicidad y orgullo. Y como lo harán, seguramente, nuestros atletas en los Parapanamericanos. Historias de fábula, porque nuestros héroes en la vida real viven en las canchas, en las pistas y en las piscinas.

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