¿Tolerar al intolerante?

#Columnista

Twitter: @Pattriciacoss 

El mundo se ha reducido a una extensión virtual de las vidas que tenemos y las circunstancias que nos rodean, de manera que creemos en lo que vemos y opinamos conforme a lo que conocemos. Nuestros argumentos suelen reducirse a la lógica de “nuestra mayoría”, con base en lo que escuchamos de aquellas personas con las que encontramos un mayor grado de identificación.

En el debate de los temas de moda la tolerancia apela a estas conductas y pensamientos, decir lo que otros creen que es correcto, lo que les conviene o les es conocido.

Hablar de manera que nadie se sienta ofendido y bloquear de nuestros espacios cuando no estemos de acuerdo con quién “invade” lo que aprobamos.

Estas acciones-reacciones tienen efectos negativos para quiénes se autodenominen como espacios democráticos, callar a una persona por el hecho de hacer un comentario odioso juega con los límites de aquello que es legal y ante todo moral. ¿Dónde está la línea entre lo aceptable y lo respetable? ¿Qué es la tolerancia? ¿Por qué hoy día todo es “políticamente incorrecto”? Geográficamente estamos tan lejos de la doctrina norcoreana pero ideológicamente estamos más que cerca de profesar religiones unipersonales que dictaduras como esa representan.


Las redes sociales han dado impulso a la aplicación de conceptos tales como lo tolerable, lo válido de ser expresado y lo que ha de censurarse, esto por virtud de valores que atañen a las circunstancias individuales. He ahí uno de los principales vicios, cerrar la libertad de expresión a la individualización de contenidos, absorbiendo siempre a criterio propio lo que nos conviene y concuerda con la manera en que hemos sido criados, los programas de televisión que hemos visto, la música que escuchamos y los tópicos que tratamos con los amigos que decidimos tener.

En un ambiente de predisposiciones emocionales, la sociedad adquiere ideas basadas en miedos, ¿cuáles? Uno es el aislamiento, saber que al opinar de manera contraria a lo que dicen nuestros círculos cercanos provocaría una brecha entre nuestras relaciones sociales. El miedo a decir lo que pienso, un ambiente de confort con mis opiniones para tener sentido de pertenencia, aunque se trate de mera hipocresía social.

En segundo plano, existen responsables de crear estos miedos al error, al desconocimiento por parte de otros, el psicólogo Jonathan Haidt habla de esto.

Haidt dice que los padres de nuevas generaciones viven en un choque generacional derivado de los recuerdos por como sus antecesores actuaron con ellos y buscan revertir esos tratos en figuras de control radicales respecto de la protección a los hijos, los llaman padres “helicópteros”.

Fuente: E-lecciones.net

Cuando una figura de autoridad comienza a permitir sin dejar reglas claras, termina creando ambientes de ansiedad, vulnerabilidad excesiva y fragilidad psíquica, de forma que los hijos son incapaces de reaccionar proactivamente ante lo que ellos consideran una ofensa y es en realidad una situación de cotidianeidad social encargada de forjar comunidades, aptitudes y experiencias.

Mientras mayor sea la victimización de las personas emocionalmente inseguras, menor será el grado de tolerancia ante lo ajeno.

La creatividad, el ingenio, el humor, la crítica misma han sido blindadas por lo políticamente incorrecto, malamente entendido como aquello que es ofensivo, bien, todo puede ser ofensivo, por supuesto, las variables respectan a intención y contexto, pero idealizar las formas y satanizar verdades es en gran parte réplica de las construcciones fascistas que impiden el debate racional y público, mismos que deben agotarse dejando como última instancia ante los actos violentos la violencia misma.

Más que cambiar los balances de la opinión pública, tendríamos que pensar en el problema mismo, justo es la vía que los llamados ‘influencers’ hoy aplican, sin considerar que hay consideraciones ciertas, más allá de las diferencias y opiniones individualistas con criterio colectivo que tengan. El mundo internauta se rige por simpatías o polémicas, si nadie se ve ofendido por tus opiniones y por consecuencia “todo” mundo está de acuerdo contigo, la razón se te otorga en automático, ¿A caso la libertad de expresión sólo tiene sentido cuando tú decides cuando ofender a otros? Entonces la libertad de expresión es innecesaria.

Nos estamos convirtiendo en lo que juramos destruir (tenía que decirlo) y con espíritus de reivindicadores censuramos abanderando la tolerancia de Popper, que primero debe leerse para después referirse y saber que la mayor de las paradojas es censurar con fuerza a quién con ideas censura, puesto que en algún momento nuestras correcciones dejarán de ser correctas para cierto grupo y por ello, terminaremos por requerir la autocensura, la auto coerción.

Coincido, la tolerancia de la intolerancia puede volvernos intolerantes, sin embargo, debemos distinguir la tolerancia de expresiones de la tolerancia de hechos contrarios al marco civilizatorio y ante todo, dirimir ideas, confrontarnos en palabras de forma que los mejores proyectos ganen, y aún esto continúa siendo relativamente aceptable…

 

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