Siria y el Reino Errante

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Twitter: @MauricioAceves

La intervención de Turquía a través de su frontera con Siria se volvió inminente y la ocasión ha tenido un gran impacto en medios internacionales. Tras evaporarse -momentáneamente- el mal sueño del Estados Islámico (ISIS) –como ya se ha establecido, no se trataba de un Estado, ni mucho menos era Islámico-, Siria pareció encaminarse en la senda de la pacificación y el reordenamiento post 9 años de guerra civil paralelos a 6 años de guerra contra las distintas facciones extremistas y a las cuentas exteriores que se ajustaban en territorio sirio. Estas combinaciones provocaron un desastre humanitario en el que 3 de cada 4 sirios tuvieron que abandonar sus hogares (ACNUR) y se convirtieron en desplazados forzados a causa de la violencia.

Las insurgencias que buscaban un cambio de régimen en Damasco convergieron con aquellas que querían repeler el expansionismo de ISIS pero que desconfiaban del propio Gobierno, volviéndose milicias que peleaban en ambos frentes con respaldo económico, técnico y armamentista de la coalición occidental. Las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF) han sido la milicia de mayor peso con 70,000 efectivos, se trata de una fuerza militar compuesta mayoritariamente por población siria kurda, siendo mujeres el 20% de sus filas. A la fecha, la población kurda se encuentra establecida en una franja cercana al límite fronterizo con Turquía que compone unos 14,400 km2 de territorio sirio, lo que representa un porcentaje similar al 10% de la superficie total del país.

Al salir ISIS de la ecuación –en términos convencionales- deja de ser necesario un agente interlocutor entre insurgencias locales y el propio occidente o un muro de contención entre el extremismo y las fuerzas del Estado por el control de las provincias sirias, por lo que la SDF y los kurdos pierden el apoyo y se ven orillados al acercamiento con el gobierno sirio, cuestión antes impensable pero ahora imperativa para afrontar el placaje de Turquía ante vacío de poder que dejan las tropas estadounidenses tras su retirada –Ankara considera terrorista a ciertas facciones kurdas-. Los kurdos son hasta cierto punto vulnerables, por un lado, por el desgaste de años de combate -se calcula que han sufrido 36 mil bajas- y por encontrase en inferioridad militar.

Desde otra perspectiva, la nueva configuración del conflicto provoca que la SDF evolucione de ser una insurrección para Damasco, para convertirse en una especie de punto de apoyo fronterizo ante la intervención de Turquía, que actúa con gran instinto geopolítico para crear una “zona segura” del lado sur de la frontera, a fin de acomodar los 3’500,000 refugiados de procedencia siria que albergan en su territorio.

En contrapeso, la inmersión de Rusia en Siria tiene paradójicamente un efecto pacificador en el sentido de que posee la fuerza suficiente como para disuadir a Turquía de no escalar el conflicto.

La nación Kurda actualmente cuenta con más de 40 millones de personas distribuidas entre Siria, Irán, Armenia, Turquía e Iraq y han sido objeto de persecuciones sectarias y étnicas por parte de los vestigios colonialistas. En los casos de Afganistán, Armenia e Iraq han logrado conseguir concesiones políticas y cierto nivel de autonomía, pero aun considerándose un pueblo que ha transitado 100 años de historia universal (1923, Tratado de Sevres, fin del Imperio Otomano) por un circuito de promesas, acuerdos, persecuciones y decepciones.

 “No tenemos amigos, salvo las montañas”.

-Proverbio Kurdo

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