Sin tregua

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Twitter: @LeSz

Al momento de seguir una receta el tiempo es un elemento básico, deja de ser relativo para convertirse en aliado o enemigo, desde la siembra hasta el horneado; define todo lo que nos comemos, para bien y para mal.

Al sembrar mi jardín sabía que era muy probable que llegado el tiempo de la cosecha no estuviera ahí para disfrutarla, eso no me detuvo y me dediqué a cuidarlo. Descubrí que a los tomates les cae mejor el agua cada tercer día, excepto cuando hay mucho sol, y es que una cosa es estresarlos para que crezcan y otra muy distinta es dejarlos morir frente a tus ojos.

Los chiles son más fáciles una vez que se les agarra el modo, un vasito de agua al día los mantiene bien y creciendo.

Con el cilantro fue un idilio desde el principio; la primer semana creció tanto que pude usarlo para preparar una salsa, lo podé y a los pocos días de nuevo sobresalía de la maceta, parecía una invitación para hacer lentejas, chimichurri o ceviche, la tomé, hice caso y me lo comí, para la tercera vez se veía de cerca el final, no era tan abundante como al principio y se iba destiñendo…ya no hubo una cuarta. Nos pasó como a quienes se han entregado intensamente tan a prisa que sólo les alcanza el amor para un rato.

Fuente: Leslie Figueroa

No puse nada en su lugar, quería un recordatorio de lo que pasó. Aprendí tarde que eso había ocurrido porque le quite más de un tercio cuando lo podé, porque me emocioné y pensé que que no dejaría de darse así.

Me equivoqué, hasta las plantas más frondosas se debilitan si tomas de más. Aprendí mi lección.

Meses después en la maceta vecina brotaron los primeros tomates, me puse muy nerviosa, esta vez no iba a pasarme lo mismo. La justicia divina se hizo presente recordándome que la olla no hierve si la estás viendo, sin importar que hiciera esta vez no iba a estar para recogerlos, no iba a probarlos. Serán parte de la ensalada de alguien más, otras lenguas disfrutarán su dulzor en alguna deliciosa salsa, otros sentirán sus semillas al encontrárselos dentro de su platillo, se les llenara la nariz al mezclarlos con orégano a fuego lento mientras un plato de pasta fresca los espera al dente.

Todo tiene un ciclo de vida, un punto de cocción, de recolección, el tiempo sólo está ahí recordándonos que no hay tregua, quizá por eso me cuesta tanto trabajo seguir paso a paso una receta, porque de alguna manera al final si las cosas no salen bien puedo echarle la culpa a los tiempos, aunque sepa bien que fui yo la que no los tomó en cuenta.

Eso y que contrario a la creencia popular no siempre se cosecha lo que se siembra.

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