¿Se puede recuperar Sheinbaum tras las protestas feministas?

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Twitter: @JoseUrquijoR

“Ustedes se preocupan por los vidrios rotos, nosotros por la rabia que los rompe”.

-EZLN

El 26 de noviembre de 2018 me invitaron a participar en un programa de Televisión para analizar un anuncio que hizo la Jefa de Gobierno electa, Claudia Sheinbaum, sobre el  gabinete que la acompañaría en su administración a partir del 5 de diciembre. Sheinbaum había dicho a los capitalinos que de los 21 cargos de alto nivel, 13 estarían ocupados por mujeres y ocho por hombres, es decir, más de la mitad del Gabinete de la nueva mandataria estaría encabezado por mujeres. A partir de ese momento su anuncio comenzó a generar expectativas sobre cómo sería su estilo de gobernar.

Era una nueva victoria para las mujeres, porque no sólo serían más en número, sino que las principales dependencias del Gobierno capitalino, las de mayor peso y responsabilidad política tendrían el sello femenino: la Secretaría de Gobierno con Rosa Isela Rodríguez o la Fiscalía con Ernestina Godoy, por ejemplo. En la entrevista comenté que la nueva estructura del Gabinete permitiría darle mayor sensibilidad a la función pública, dotarla de cercanía con los ciudadanos e inspirar a otras mujeres a participar en el servicio público en posiciones de poder. El nuevo Gobierno sin duda tendría la perspectiva de género que tanto requiere la función pública, particularmente en áreas de atención y procuración de justicia.

El 5 de diciembre pasado, durante su discurso de toma de protesta en el pleno del Congreso de la Ciudad de México, Sheinbaum dio otra sorpresa que sumaba en la construcción de su narrativa de gobierno: anunció la desaparición del Cuerpo de Granaderos, porque dijo que la policía estaba para cuidar al pueblo y no se requerían cuerpos para reprimirlo.

Los grupos esperaban una reacción empática de la Jefa de Gobierno.

“A partir de ahora inicia el proceso de transición y el 1 de enero de 2019 los elementos del Cuerpo de Granaderos pasarán a formar parte de otros agrupamientos o a un nuevo agrupamiento que se creará para ayudar a la ciudadanía en tareas de protección civil, que cuide a los más vulnerables y se capacite en esas tareas. El cuerpo de Granaderos desaparece, fortalece las tareas de seguridad y apoya la formación de un cuerpo de protección civil”, afirmó.

De manera simbólica esta acción comunicaba apertura, diálogo y la certeza de que este cuerpo especializado en brindar seguridad a manifestantes y transeúntes durante protestas ya no era necesario en la capital del país.

Con el arrollador triunfo de López Obrador como Presidente y los altos índices de popularidad con los que arrancaba, la Jefa de Gobierno estaba segura que las protestas disminuirían y que la Ciudad no volvería a necesitar restablecer el orden público.

Otro acto importante ocurrido en los primeros días al frente de la Ciudad para fortalecer el entramado de esta narrativa feminista, fue anunciar que elevaría a rango de Secretaría el Instituto de las Mujeres de la Ciudad. Lo hizo el 18 de diciembre durante la puesta en marcha de un Consejo interinstitucional con visión de género para dar seguimiento a las políticas encaminadas a la atención de las mujeres y la prevención de delitos en las dependencias capitalinas.

En esa ocasión la Jefa de Gobierno dijo que la violencia hacia las mujeres se produce desde el transporte público, en la calle, o en el hogar “y no podemos seguir entendiendo esto como si fuera algo normal (…) no solamente es un trabajo de la Secretaría sino es una visión de género desde el Gobierno de la Ciudad”.

En el marco del Día Internacional de la Mujer, el pasado 4 de marzo, la Jefa de Gobierno hizo otro anuncio importante: todos los Ministerios Públicos de la Ciudad contarían con el programa “Abogadas de las mujeres en las agencias de Ministerio Público”, cuyo objetivo es brindar orientación y asesoría jurídica especializada con perspectiva de género a las mujeres víctimas que acuden a denunciar.

Ahora bien, ¿por qué las protestas de la semana pasada le han representado una crisis mediática a Claudia Sheinbaum?

Muy sencillo, las manifestaciones feministas tienen dos exigencias importantes que, por decirse una aliada de la causa, los grupos esperaban una reacción empática de la Jefa de Gobierno: prevención de la inseguridad que sufren las mujeres y atención oportuna a las ya han sido víctimas de algún delito.

Por el contrario, lo que vimos en las últimas semanas desde la actuación de la autoridad fue negligencia en la atención de víctimas y falta de sensibilidad para tratar las denuncias con perspectiva de género. Uno de los casos que más le pegó a la imagen de Sheinbaum fue una denuncia que señalaba al menos a cuatro policías de haber violado a una menor de edad. Por las características del caso resulta de gran interés mediático y por demás escandaloso. No tardó entonces en formar parte de los principales diarios e informativos de radio y televisión. La fiscalía se tardó en reaccionar y la historia se posicionó rápidamente en la opinión pública.

A partir de entonces surgió el hashtag #NoMeCuidanMeViolan y eso conllevó a la primera manifestación de un grupo de mujeres que protestaron el pasado 12 de agosto en la Fiscalía y en la Secretaría de Seguridad Ciudadana, donde el coraje y el encono por la supuesta violación de los policías a la menor de edad, hizo que las manifestantes destrozaran algunas puertas e inmobiliario de la dependencia. Allí mismo cuando salió a dar la cara el Secretario de Seguridad Jesús Orta, fue rociado con diamantina rosa.

La reacción de la Jefa de Gobierno ante esta primera manifestación fue calificar la protesta como una provocación que habían hecho las participantes para que su gobierno respondiera con más violencia. “Quiero ser muy tajante en esto: no vamos a caer en ninguna provocación, esto es una provocación, querían que el Gobierno utilizara métodos violentos, igual que ellos utilizaron y nosotros por ningún motivo vamos a caer en provocaciones”, indicó la mandataria. Además, dijo que se abrirían carpetas de investigación por los hechos ocurridos en la Fiscalía capitalina.

El señalamiento de Sheinbaum sobre la protesta fue considerado por grupos feministas como una provocación de verdad. Ante esta primera manifestación, los ciudadanos esperaríamos que una mandataria cuyo proyecto tiene como eje transversal la perspectiva de género, respondiera con atención y sobre todo con mucha sensibilidad. La decepción, considero, creció porque de Claudia se esperaba algo muy puntual: sensibilidad, sororidad y empatía por las víctimas en lo que existiera un veredicto final de las investigaciones.

Aunado a lo anterior, la Jefa de Gobierno intentó legitimar sus declaraciones al invitar únicamente al diálogo a feministas cercanas a la estructura institucional actual como Marta Lamas o la senadora Martha Lucía Micher y donde no fueron requeridos los proyectos feministas de los grupos que habían convocado a la marcha en cuestión. Esto impactó negativamente en la popularidad de la Jefa de Gobierno entre la población feminista más joven generando aún mayor descontento del existente.

Para sumar al repudio a la reacción de las autoridades, tres días después de la primera protesta, la fiscal Ernestina Godoy reconoció que el Ministerio Público en Azcapotzalco extravió las pruebas genéticas del caso de la menor que denunció a policías  por violación. Naturalmente los reclamos de los grupos feministas subieron de tono y pronto se convocó a una nueva manifestación que tuvo lugar la tarde del 16 de agosto en la Glorieta de Insurgentes, la Fiscalía capitalina y la Secretaría de Seguridad.

Las redes sociales y los medios de comunicación documentaron las protestas y se centraron particularmente en los actos vandálicos, olvidando en la mayoría de los casos la causa de la indignación: que en México matan a casi 10 mujeres al día y violan a cuatro cada hora. Las portadas de los diarios se tornaron amarillistas y reaccionarios e inició un debate en redes sociales dividido entre el repudio a los actos vandálicos y el apoyo a las manifestantes que descargaron su rabia e impotencia en pintas y actos por la desatinada respuesta de la autoridad.

A pesar del error mediático de dos días antes, la Jefa de Gobierno volvió a decir que investigarían a quienes protestaron: “En el caso de las agresiones directas a periodistas, personas y las graves afectaciones a los edificios públicos se han iniciado por parte de la Procuraduría General de Justicia las carpetas de investigación correspondientes y no habrá impunidad”.

Parece que ante la incongruencia de sus últimas acciones, Claudia ha ido perdiendo credibilidad al errar en resolver una situación que -por la narrativa de Gobierno que construyó desde el inicio de su gestión- debería entender a la perfección.  Los positivos que había construido con sus acciones a favor de las mujeres previo a las manifestaciones, los atributos de feminista, de empatía con las causas, ya no los tiene y le costará el triple de trabajo volver a recuperarlos, porque a los ojos del imaginario colectivo feminista, pareciera que utilizaron la causa para como bandera política, y ante el primer reto grande, no la operaron como la ciudadanía -y las propias feministas- lo esperaban.

El principal reto de Claudia a partir de hoy es resolver la inseguridad hacia las mujeres, vincularse de manera directa con las víctimas y establecer un diálogo sólido con los grupos feministas que la guíen en la realidad del problema. Sobre lo último, parece haber comenzado el fin de semana un acercamiento a colectivos feministas alejados del contexto institucional y encausados en la lucha social, pero aún queda la incógnita si este diálogo se ampliará o si se mantendrá.

La nueva responsabilidad de Sheinbaum no solamente queda sobre ella, al verse necesario que se contagie la autocrítica en su Gobierno para recuperar la credibilidad de este sector tan importante que en gran medida la llevó al poder.

Ojalá que las protestas de la semana pasada rindan un fruto positivo para todos. Sin simulaciones y con resultados.

 

 

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