Rusia: el jugador paciente

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Twitter: @MauricioAceves

Los hechos que han conducido la historia contemporánea en el ámbito de la seguridad internacional han propiciado la emergencia de nuevas vulnerabilidades e inestabilidades de naturalezas distintas, las tensiones actuales en Medio Oriente han tomado una gravitación significativa por la complejidad de las variables ahí convergen y por la reactividad de los actores que participan.

Hace unas semanas, dentro de los escenarios que prestan el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia y el Consejo de Seguridad, se introdujo el “Concepto ruso de Seguridad para el Golfo Pérsico”, documento que ha pasado relativamente desapercibido, probablemente porque no presenta innovaciones u objetos que no se hayan propuesto en el pasado o simplemente porque carece de relieve mediático, sin embargo, como suele suceder en el reino de las relaciones internacionales, el valor tácito camina por encima de las letras explícitas y lo invisible importa más que lo que se mira.

Entre los puntos básicos del documento encontramos:

  1. la creación de un frente común contra el terrorismo,
  2. concretar acuerdos políticos sostenibles en Siria, Yemen e Iraq,
  3. el apego al derecho internacional y respeto a las resoluciones emanadas del Consejo de Seguridad,
  4. firmar acuerdos a fin de evitar la acumulación desestabilizadora de armas convencionales y la creación de zonas desmilitarizadas,
  5. fortalecer el régimen de no proliferación nuclear y de armas de destrucción masiva,
  6. la reducción de la presencia militar extranjera en la región, y que
  7. las naciones deben coexistir en todos los casos en términos del multilateralismo y de la resolución pacífica de controversias.

La escalada de tensiones en el Golfo Pérsico cada vez causa mayores preocupaciones, provocando cambios bruscos en el tablero geopolítico y forzando a los actores a cambiar sus posturas tradicionales.

Ante los vacíos de poder en la región, Rusia se encuentra con una ventana de oportunidad y jugará una carta que no había mostrado para tomar un papel en Medio Oriente que históricamente no le había correspondido: el de conciliador.

El documento puede ser la punta de lanza de una campaña de expansión política, en la que observo tres objetivos:

1) Mejorar la imagen de Rusia, superando las memorias de la guerra de Afganistán -entre otros antecedentes- así como disfrazar las intervenciones en Siria y la alianza militar con Irán con una cortina diplomática.

2) Reemplazar a Estados Unidos como agente dominante en la región, tarea facilitada por el fracaso de sus intervenciones, por el repliegue militar de las fuerzas en tierra, por la delegación de sus intereses en otros actores regionales como Israel y Arabia Saudita y por la negociación estilo madman respecto al acuerdo nuclear con Irán que ha propiciado la inestabilidad más reciente. Una alternativa del Kremlin a la máxima presión estadounidense sería bien recibida, incluso por países europeos.

3) Fortalecer o crear redes con fuerzas locales a fin de ganar concesiones políticas particulares, que hace unos años hubieran sido inaccesibles por el blindaje de EE. UU. en la región.

¿La campaña rusa tendrá éxito? Nadie gana una partida de ajedrez antes del desayuno, sin embargo,  existen elementos de desgaste y oportunidad para considerar conveniente esta operación, a pesar de que habrá muchos Estados que se opongan a una salida por la vía rusa de distintos conflictos, pero como suele decirse en inteligencia, a veces es mejor una operación fallida que ninguna.

Enlace de referencia: http://www.mid.ru/ru/foreign_policy/international_safety/conflicts/-/asset_publisher/xIEMTQ3OvzcA/content/id/3733575?p_p_id=101_INSTANCE_xIEMTQ3OvzcA&_101_INSTANCE_xIEMTQ3OvzcA_languageId=en_GB

 

 

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