¿Por qué en el suelo?

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Twitter: @bufalolmangas

Y la terrible voz que llegaba hasta nosotros a través de la lluvia de fuego,

 aquel ladrido potente y ronco, era la voz del caos…

Curzio Malaparte

—Aquí quédense, aquí en el suelo —con voz entrecortada le dijo un padre a su hija.

—¿Por qué en el suelo?

Mientras ella y su padre escuchaban el fragor de las metrallas, el hijo de un capo provocaba la debacle del primer Gobierno federal de izquierda.

Por una “casualidad” Ovidio Guzmán, hijo del Chapo, había quedado detenido en una casa al noreste de Culiacán, Sinaloa. De inmediato, cientos de mensajes por radio y Whatsapp convocaron al despliegue de “la perrada” por toda la ciudad para sitiarla y, de ser necesario, quemarla por completo para rescatar al hijo del patrón.

Durante horas se especuló si Ovidio Guzmán López estaba o no detenido. Desde las 3:30 pm del 17 de octubre de 2019 hasta pasada la medianoche del 18, los narcos mostraron que ellos mandan en Sinaloa. No hay más, a un año del cambio de Gobierno, se acabó el romance de López Obrador y la ciudadanía.

—¿Papá, por qué están tirando balazos?

—No sé, mi amor. Agáchense, sale. Váyanse en el suelo.

Así, agachada ha quedado la sociedad mexicana ante la voracidad de los cárteles, esos que fueron creciendo bajo el cobijo de los gobiernos priistas y que el panismo quiso domar hasta darse cuenta de que la bestialidad del narco era irrefrenable.

Cinco horas transcurrieron para que Alfonso Durazo y el Gabinete de Seguridad salieran a dar una confusa y tibia respuesta sobre los hechos, tiempo en el cual los ciudadanos de Culiacán permanecieron encerrados en panaderías, tiendas de autoservicio, a orillas de la carretera, humillados en el suelo. Qué triste mensaje hacia el pueblo mexicano: Pax Narca.

No había manera de que el Gobierno de López Obrador saliera bien librado del jaque: retener a Ovidio Guzmán traería consigo una carnicería en todo Culiacán con decenas de bajas civiles y daños colaterales; dejar libre al hijo del Chapo era rendirse ante el músculo del narco y ofrecerle a la derecha carroñera los dientes que le hacían falta para lucrar políticamente con la tragedia.

Mandemos al carajo las estupideces de Vicente Fox, la inexistencia de las autoridades estatales, el fanatismo de Epigmenios Ibarras e izquierdosos aplaudidores, la mezquinidad de los Javieres Lozanos o la irresponsabilidad periodística de los Ricardos Alemanes; ya basta de repetir el discurso de Calderón o de gritarnos entre nosotros chairos, derechairos, fifís, nacos o cuanta pendejada se nos venga a la mente.

No dejo de pensar en esa niña que pasó horas junto a su padre rondados por la muerte, nuestro momento de sentir empatía como sociedad es ahora: ella aún no sabe la diferencia entre derecha o izquierda política, pero en su alma ha quedado el estrago de la violencia. Es ahora cuando debemos cobijarnos y protegernos mutuamente.

Sin importar las palabras que esta mañana enuncie Andrés Manuel López Obrador, a partir de hoy inicia un nuevo ciclo presidencial en el que serán inadmisibles las excusas o el recordar a los fantasmas de Salinas, Calderón o Peña Nieto. La 4T del amor y las buenas intenciones murió abatida por el narco la tarde de un 17 de octubre de 2019.

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