Movilidad y seguridad vial

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Twitter: @CLopezKramsky

El miércoles pasado se aprobó en comisiones unidas del Senado de la República el dictamen por el que se propone aprobar una reforma constitucional de gran calado propuesta, en diversas iniciativas, por las senadoras Xóchitl Gálvez Ruiz (PAN), Patricia Mercado (MC) y María Guadalupe Saldaña Cisneros (PAN), así como por el senador Primo Dothé Mata (MORENA): movilidad y seguridad vial. En caso de aprobarse, la modificación impactaría de manera muy profunda nuestra concepción respecto de ambos conceptos, pues hasta hoy, nuestra aproximación a la movilidad es bastante limitada, toda vez que se basa casi exclusivamente en la regulación del transporte público y de los servicios privados de traslado. Ni qué decir sobre nuestra postura como sociedad sobre la seguridad vial, ya que prácticamente es inexistente.

De acuerdo con el estudio denominado “Estado de la Seguridad Vial en la Región de las Américas”, publicado por la Organización Panamericana de la Salud, en 2016, México fue el tercer país de América con más muertes relacionadas con el tránsito: 1) Brasil, con 38,651; 2) Estados Unidos con 35,092 y 3) México con 16,039. Esto significa que México tiene dos veces más muertes por accidentes viales que Venezuela, que es el cuarto con más fallecimientos en el continente. Esto provoca que nuestro país tenga una tasa de mortalidad por tránsito de 13.1 muertes por cada 100,000 habitantes y que el porcentaje de víctimas de accidentes viales que presentan una discapacidad permanente alcance el 16.4%, el segundo más alto de América.

Estos altísimos índices de mortalidad por accidentes de tránsito tienen varias causas, entre ellas, la falta de cultura y educación vial, así como la carencia de capacitación adecuada a los conductores de automóviles, transporte público, motociclistas, ciclistas y peatones. Antes de salir a la calle, todos deberíamos saber cuáles son nuestros derechos y obligaciones al transitar por ahí, ya sea en vehículo motorizado, no motorizado o sin vehículo.

Otra razón poderosa para que estemos presenciando esta situación de emergencia en materia de seguridad vial es la normativa: en México, no hay leyes ni autoridades nacionales en la materia, pues la competencia para legislar y aplicar las leyes y reglamentos sobre movilidad y tráfico vehicular corresponde a las autoridades locales (Estados, municipios y Ciudad de México), por lo que existen tantos reglamentos de tránsito como municipios existen y, eso, desgraciadamente genera que cada orden de gobierno regule esta materia como dios le dio a entender. Sobra decir que las previsiones en materia de seguridad vial brillan por su ausencia en dichas leyes y reglamentos.

La reforma constitucional propone corregir esta problemática normativa, a través de dos vías:

  1. Reconocer en la Constitución a la movilidad y la seguridad vial como derechos humanos .
  2. Establecer la concurrencia de facultades en la materia y, en consecuencia, atribuir al Congreso de la Unión la posibilidad de expedir una ley general en materia de movilidad y seguridad vial.

De aprobarse, esta reforma va a ser un primer gran paso para transformar nuestra concepción de la movilidad y, fundamentalmente, de la seguridad vial, y ello nos obligará, como sociedad, a fortalecer mecanismos de control, verificación y, principalmente, de fomento de la educación, cultura y respeto vial. 16 mil muertes al año a causa de accidentes viales es una catástrofe humana que puede ser evitada y para ello, el Derecho debe coadyuvar estableciendo normas más estrictas y homologadas.

En los próximos días, el dictamen será discutido y, muy probablemente, aprobado en el Pleno del Senado de la República. Posteriormente, se remitirá a la Cámara de Diputados y, en caso de aprobarse ahí también, se requerirá que más de la mitad de las legislaturas locales aprueben la reforma.

El camino aún es largo y complejo, pero se ha dado un gran paso en pos de construir mejores condiciones de seguridad vial y de una transformación de nuestra concepción de movilidad y seguridad vial, que es indispensable en un mundo cada vez más motorizado.

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