México, sin brújula

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Twitter: @YessUrbina

Hace un año se nos prometió un país con más abrazos y menos balazos, sin corrupción, sin crimen organizado, con miras a un crecimiento económico que hace mucho no veíamos y, sobre todo, oportunidades para todas y todos, en especial a los menos favorecidos. El día de hoy estamos muy lejos de ese México que nos habían pintado.

De un presidente como Andrés Manuel López Obrador podemos esperar mucho, es un hombre que durante años y años recorrió hasta el último rincón del país, construyendo un proyecto de nación que permitiría atender a los más pobres, a aquellos a los que jamás se tomó en cuenta. Nadie podía ni puede estar en contra de esa premisa. Pero, ahora que está en el gobierno y tiene todos los recursos a su mano, ¿qué tan certeras y reales son esas intenciones de combate contra lo que tanto daño ha hecho a millones de personas?

Sumemos algunos de los sucesos del último mes, solamente para tener una idea más clara de lo que enfrentamos como país: el operativo fallido con la captura de Ovidio Guzmán, la Secretaria de Gobierno avalando la Ley Bonilla, el aplazamiento de la discusión para regularizar el uso lúdico de la marihuana, el supuesto golpe de Estado, la terrible masacre de la familia LeBarón.

Los sucesos mencionados evidencían que, en su primer año, el gobierno no está combatiendo efectivamente los males que tanto prometió combatir. Y no malinterpretemos, somos conscientes de que problemas como la inseguridad y el crimen organizado no desaparecen a corto plazo, pero el gobierno sí debe asumir la responsabilidad que implica su combate y más cuando cuenta con elementos como la creación de la Guardia Nacional. El operativo fue una muestra de la falta de estrategia, coordinación y capacitación en temas de seguridad que escalaron a la pérdida de vidas que se pudieron haber evitado; aplazar la discusión sobre la regularización del uso lúdico de la marihuana, también deja ver que no estamos tan listos como se creía para avanzar hacia una reforma pacífica del uso de drogas, perdimos la oportunidad de ser el tercer país del mundo en legalizar todos los usos de la marihuana.

El aval a una reforma inconstitucional como la Ley Bonilla por parte de Olga Sánchez Cordero y las declaraciones del presidente sobre indicios de un golpe de Estado, nos permiten constatar lo distraído que está nuestro gobierno de los problemas reales, los que los ciudadanos de a pie enfrentamos día con día presas de la impunidad e inseguridad, que siguen imperando en tiempos de la Cuarta Transformación.

En el año más violento de la historia moderna de México, parecieran estar más preocupados por la opinión pública que no juega a su favor que por atender las masacres diarias que asechan a miles de familias. ¿Cuántas historias no conocemos? ¿Qué está haciendo exactamente el gobierno para mantenernos seguros? ¿Por qué sus operativos y aparente estrategia están fracasando e incluso resultando contraproducentes?

La situación actual del país exige acciones concretas, que las promesas de transformación se cumplan a cabalidad, sin distracciones ni violaciones a la ley. Exige también, un gobierno que deje a un lado el papel de oposición y hasta cierto punto, de víctima, y asuma las responsabilidades que implican enfrentar los retos que nos aquejan. El presidente no puede concentrarse en salir cada mañana a hablar de una realidad muy lejana a la que vivimos los ciudadanos. Esto no fue lo que se nos prometió.

Estamos cometiendo el error de perder el camino y en el afán de debatir, la discusión se ha centrado en repartir culpas de los que están y, sobre todo, los que se fueron, normalizando los hechos violentos y demostrando indolencia e incapacidad. Todo se queda en palabras, no en acciones que abonen a un proyecto de gobierno o a una oposición articulada. Es momento de cambiar el rumbo de la brújula del país por el bien de todas y todos, mediante la exigencia y la acción organizada desde la trinchera en que nos encontremos. México merece mucho más.

 

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