Menos hombres de traje, más Mijis

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Twitter: @bufalolmangas 

“Trabajo, buscar un trabajo,

cuánta gente no anda buscando un trabajo.

Amigo, no sabes la desesperación

que es lo que me tiene en esta condición”.

– Rodrigo González, músico

Los mexicanos padecemos síndrome de Estocolmo crónico, pues defendemos a quien por años nos ha mirado con desdén; quien enfundado en un traje de promesas, peinado de demócrata y con labia de prosperidad nos ha saqueado mientras sonríe impune.

Vivimos en una nación polarizada entre fifís y chairos, liberales y conservadores, nacos y mirreyes, prietos y güeros. La discriminación como uso y costumbre.

En medio de esa efervescencia está Pedro Carrizales, ‘El Mijis’, como un ejemplo de que la política al servicio del pueblo, de la reconstrucción del tejido social, es posible independientemente de si se está tatuado o no.

Fuente: Cuartoscuro

Si ‘El Mijis’ hubiera sido de tez blanca, barba espesa, camisas de leñador, con todo y tatuajes diríamos: “Miren, tenemos un político hípster con onda. ¡Qué cool!”. Pero no, Carrizales es un chavo banda que lidió con las drogas, la violencia y un sistema penal que no reintegra a las personas sino que las estigmatiza. Como diputado local propone iniciativas en el Congreso de San Luís Potosí que persiguen la igualdad e integración de los exconvictos a la vida productiva o el uso de la mariguana como una vía de rehabilitación para adictos a drogas más fuertes.

Tras hacer esta propuesta contra el maltrato animal, Pedro Carrizales ha recibido amenazas a su integridad física. Él mismo ha señalado en incontables ocasiones que sus propuestas no serían bien recibidas, pero que no le gustaría ser mártir o ser asesinado. Su lucha, por pequeña que sea, debería estar respaldada por actores políticos de mayor peso, por periodistas y organizaciones sociales que buscan un cambio profundo en la nación.

El Mijis’ nos da lecciones que no se estudian en Harvard y una experiencia de vida que jamás se hallará en la burbuja de Twitter: la calle ha sido su escuela, de la que aprendió a mirar en forma horizontal, empática y sin otra ideología que servir al menos protegido. Por décadas hemos permitido que los de traje y corbata tomen las decisiones por nosotros. Permitimos que su mirada vertical, alejada de la realidad, nos hiciera creer que sólo ellos eran capaces de controlar las riendas de México.

“Este chavo banda no deja de ser de barrio. Soy chavo banda a mucho orgullo”, dijo en una entrevista.

Prefiero mil veces a un político tatuado que ha vivido de cerca la violencia, las carencias, la falta de empleo, la discriminación y que a partir de ello se ha reconstruido a sí mismo para transformar su entorno. El mérito de ‘El Mijis’ está en buscar el bien colectivo, formar el tejido social desde abajo. En los años por venir quiero ver más Mijis en la política trabajando por una nación a la que le urge sanar las heridas.

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