Medallas de chocolate

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Twitter: @JLUIS_CUEVAS

Mezclar la política con el deporte nunca ha resultado positivo, sobre todo cuando se busca lucrar con las emociones y la idolatría que generan los héroes de las pistas, canchas y terrenos de competencia donde se desenvuelven. Lo vivido en Lima 2019 me ha dejado un grato sabor de boca, saber que a pesar de la adversidad, la incertidumbre y el poco apoyo, la voluntad, los sueños y los esfuerzos individuales, le han entregado a México su mejor participación en la historia de los Juegos Panamericanos.

No ha sido fácil entender lo sucedido, por simple que parezca, detrás de cada logro se encuentran años de trabajo, miedos, espíritus competitivos y voluntades, mismas que pertenecen a unos cuantos.

Escuché un sinnúmero de historias, también, y con el pasar de los años en esta profesión he visto como el atleta en México más que concentrarse en mejorar sus aptitudes, muchas veces tiene que mendigar apoyos o bien, hacerla de vendedor para buscar la ayuda de particulares e inscribirse en competencias… ¿Y cuántas veces no hemos visto a los gobiernos locales justificar recursos que no son ni la décima parte de lo que se le entrega al deportista y su equipo de trabajo? Ese ha sido nuestro México desde que tengo uso de razón.

Si logras una medalla, ahí como deportista cambia tu vida, ahí comienzas a recuperar todo lo invertido, todo por lo que inconscientemente peleaste toda tu vida.

Eso solo podría explicarlo a detalle quien ve levantar su bandera en una competencia internacional o quien entona su himno nacional con las revoluciones sobrepasadas, recorriendo la película de tu vida en cada estrofa y grito de guerra.

Por ello no dejó de sorprenderme con lo vivido este lunes por parte de la titular de la CONADE, parecería que estamos hablando de una homónima a la medallista en Atenas 2004.

¿Cuántos falsos profetas no ha encontrado el deporte mexicano a lo largo de su historia? ¿Cuántos recursos reales se han entregado al grupo de trabajo cercano y cuántos se han quedado en el escritorio? El deporte como forma de vida es sin duda una de las grandes opciones para lograr una mejor sociedad, el ejemplo mayúsculo nos lleva a Barcelona 1992, donde sin lugar a dudas España dio un golpe sobre la mesa y entró en una dinámica exitosa que se vio reflejada una década después. Entendiendo que cada país posee diferentes cualidades y estragos, podemos encontrar el otro lado de la moneda, Cuba, la isla de los milagros de pista, atraviesa una crisis importante, se decía que desde su origen el cubano nacía con la medalla en el pecho y que sólo la competencia dictaba el color, hoy en la isla ya no alcanza con la ilusión por el deporte, la desesperación y la pobreza ha distraído el espíritu olímpico.

No tengo la menor duda que nuestro país podría tener mejores resultados, también que existen diversos frentes, los cuales deben atacarse. No obstante, el recurso no tendría que llegar como recompensa, sino como apoyo, la sinergia que pudiera entregar una sociedad ganadora, podría ser referencial en unos años.

Si alguien ha visto a Ana Gabriela Guevara, la medallista de plata en Atenas, preséntela a los atletas, Tokio está a la vuelta de la esquina y no podemos seguir esperando a que se encuentren más negocios turbios disfrazados de propiedades para alimentar el sueño olímpico, ese que ella alguna vez tuvo.

Si seguimos siendo dirigidos por la aspirante a gobernadora de Sonora, será como en muchos sexenios pasados, años perdidos, generaciones de deportistas tiradas a la basura y medallas de chocolate, esas que se reparten en Palacio Nacional.

Hasta la próxima.

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