Lo importante es que teníamos salud

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Twitter: @abi_mt

El debate en torno a la eliminación del seguro popular y la implementación del Instituto de Salud para el Bienestar (INSABI) ha desatado confortación entre quienes mantienen la fe en la presente administración con la esperanza de un cambio radical y quienes consideran estos cambios como un paso más en la destrucción institucional que tendrá repercusiones ominosas en la sociedad.

No es ningún secreto que el sistema de salud del país enfrenta grandes rezagos gestados durante varias décadas. La asignación de recursos en materia de salud por parte de administraciones pasadas siempre fue criticada por no guardar proporción entre el monto de inversión y las necesidades o el tamaño de la población atendida. Si bien la constitución consagra el derecho a la salud como una garantía universal, la realidad es que, en la práctica, hacer valer este derecho tiene un alto costo asociado a las necesidades de personal, equipo, infraestructura y medicamentos para atender a 116 millones de mexicanos (dando por buena la optimista cifra de que 1 de cada 10 mexicanos goza de un seguro de gastos médicos privado). Mientras que en los países desarrollados como Canadá el gasto en salud pública alcanza 20% como porcentaje del PIB como mínimo, durante los últimos años en México esta inversión no ha superado ni el 7%, lo cual hace evidente el por qué de las carencias si consideramos la gran diferencia poblacional que existe entre ambos países (Canadá cuenta con 37.5 millones de habitantes).

El Seguro Popular, aunque el presidente insista en denostarlo, tuvo un logro importante que para muchos ha pasado casi desapercibido: la ampliación de cobertura de servicios médicos para el grupo social más vulnerable de México. Si bien la cobertura no equivale a calidad, lo cierto es que sin cobertura no puede tenerse la segunda, por lo que cualquiera podría decir que el programa fue un paso en la dirección correcta. Partiendo de la premisa básica de que el INSABI ya no cubre enfermedades que el Seguro Popular sí cubría, me cuesta trabajo ver cómo este cambio representa otro paso en la misma dirección. 

Si bien las fórmulas para solucionar los problemas de salud pueden variar de acuerdo con perspectivas ideológicas y sería complicado valorar cuáles podrían llegar a ser exitosas sin ponerlas en la práctica, lo cierto es que cualquier sistema que se elija requiere de recursos suficientes para funcionar de manera adecuada. Lamentablemente esta situación no se corrigió en administraciones pasadas, y todo parece indicar que tampoco se corregirá en esta, lo cual considero el principal factor de posible fracaso de cualquiera que sea el plan.

Sólo un aumento radical de presupuesto en el sector (aún dando por hecho de que se recuperara lo perdido en corrupción) sería una señal de un golpe de timón en este rubro, pero lamentablemente, el presupuesto destinado para el 2020 sólo prevé un 6% más de recursos con respecto al año pasado, muy en línea con los moderados aumentos observados durante los últimos años, pues ni siquiera representa el incremento más grande en términos reales de los observados desde 2013.

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