La pendiente resbaladiza

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Plaza Cívica

Dejándose llevar por el espíritu político y siguiendo el ejemplo de su jefe, Juan Vargas regresa a San Pedro de los Saguaros, un pequeño pueblo del cual es presidente municipal, y decide cambiar la Constitución. Arrancando sus páginas y dictando a su secretario las nuevas disposiciones jurídicas, impone su sueño: extender el periodo de gobierno y posibilitar su reelección “por el bien de la comunidad”.

Juan Vargas y San Pedro de los Saguaros son parte de la película La Ley de Herodes y por lo tanto ficticios, pero Jaime Bonilla Valdez y Baja California son muy reales. En México, a veces, la realidad supera la ficción.

Andrés Manuel López Obrador tiene una larga historia impulsando sus propias “consultas ciudadanas”. Cuando fue candidato a la jefatura de gobierno de la Cd. de México, diversos partidos impugnaron su candidatura ante creíbles indicios de no cumplir con el requisito de residencia. Entonces organizó una consulta ciudadana propia, y el 96% de los capitalinos apoyaron su candidatura. Como Jefe de gobierno organizó dos consultas ciudadanas propias de revocación de mandato: en la primera el 95.3% de los capitalinos votó por su permanencia; en la segunda el 95% lo hizo.

Como presidente de la República ha organizado lo que podríamos denominar una “gran consulta ciudadana propia” y otra más: la primera para los temas del aeropuerto de Santa Lucía, el Tren Maya, la refinería de Dos Bocas y la plantación de árboles maderables y frutales; la segunda para la termoeléctrica en Morelos. En todas, claro, ganaron sus proyectos con amplias mayorías (“AMLO ya es famoso por hacer consultas… Y siempre gana”, La Nación 321, 14/10/19).

Si ese es el espíritu político que ha impulsado AMLO como presidente de la República y jefe político de Morena, lo natural es que otros políticos morenistas comiencen a hacer lo mismo. Pues ya comenzaron.

Jaime Bonilla Valdez, electo gobernador de Baja California con el voto de solo el 13.95% de la población, ha recurrido a una larga lista de artimañas legales y argucias políticas para extender su mandato político. La última artimaña que ha sacado del clóset es la predilecta de su jefe político: su propia consulta ciudadana. Si ya las ha usado el presidente de la República para candidatearse, revocar su mandato y promover proyectos de infraestructura, ¿por qué no para extender un mandato? Es el siguiente paso lógico. Total: ¿qué tanto es tantito?

Las consultas ciudadanas propias son completamente ilegítimas.

Y menciono “completamente” porque son ilegítimas tanto en su acepción legal, ya que no se hacen conforme a las leyes, como en su acepción política, ya que no existe consenso alguno entre los ciudadanos para aceptar sus resultados. Las consultas ciudadanas llevadas a cabo por AMLO y Bonilla Valdez son organizadas por su propio partido político, sin lista nominal de electores, en total opacidad, con preguntas que prejuzgan, sin uso de tinta indeleble, etcétera, etcétera. Más aún, la figura no se encuentra contemplada en Baja California. Peor aún, todas las encuestas indican que una mayoría abrumadora en el estado no desea la extensión de mandato. Y, ¿cuáles fueron los resultados de la consulta ciudadana bonillista? De esperarse: más del 70% desea ampliarlo. Recordemos: una consulta ciudadana propia es una consulta ciudadana amañada, que solo puede arrojar números amañados. Ante un problema mayúsculo que no solo es bajacaliforniano sino mexicano, un silencio-cómplice-ensordecedor del jefe de Estado.

Baja California fue la primer entidad federativa donde hubo alternancia en el gobierno, levantándose como un laboratorio de democracia y liberalismo, un ejemplo para el resto del país sobre lo políticamente posible y una profecía sobre el futuro que vendría. Hoy, Baja California es igualmente un laboratorio, pero autoritario e iliberal. ¿Será un ejemplo de lo posible para aquellos con tendencias cesaristas, una profecía de lo que vendrá en el país?

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