¿La Ley de Amnistía soluciona algo?

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Twitter: @RicardoSolano_

No hay quien pueda defender el sistema penitenciario de este país. La prisión preventiva oficiosa es una de las principales causas de la sobrepoblación de los centros penitenciarios, principalmente, de los estatales. De acuerdo con la ley, quienes están privados de la libertad por una medida cautelar deben permanecer separados de aquellos que se encuentran cumpliendo una condena. En la mayoría de los casos, las condiciones de las prisiones ni siquiera permiten que eso pueda llevarse a cabo.

En los peores casos, mujeres y hombres comparten centros penitenciarios; a veces solo los separa una valla, otras ni siquiera eso. Esas circunstancias, junto con el autogobierno que prevalece en sistemas penitenciarios estatales, promueven, entre otros delitos, la prostitución y el abuso de estas mujeres privadas de la libertad.

Fuente: seguridad.nexos.com.mx

En los casos más indignantes, los hijos de las internas viviendo con ellas en prisiones tienen que enfrentarse a vivir estos mismos hechos; son testigos y víctimas de los sistemas penitenciarios.

Estos pequeños viven rodeados de gente armada, internos cometiendo crímenes, y sus madres siendo violentadas.

Frente a estas realidades, documentadas en los Diagnósticos que emite la CNDH, no podemos más que apoyar leyes que despresuricen el sistema, acaben con la sobrepoblación y ordenen de fondo los centros penitenciarios de todo el país.

El proyecto de la Ley de Amnistía presentada por el gobierno lopezobradorista, no obstante, no abona a estos objetivos.

Las mujeres, a nivel mundial, solo representan el 5% del total de las personas en prisión. En México estamos dentro de este parámetro. Por tal motivo, la mayoría de los gobiernos estatales no consideran necesario construir centros penitenciarios exclusivos para mujeres, y ni hablemos de centros para las mujeres adolescentes en conflicto con la ley penal. Y muy probablemente no sea necesario construir cárceles femeniles, pero tampoco necesitan una Ley de Amnistía.

Lo que necesitamos es una política de Estado en favor de las mujeres.

Es decir, mujeres que sean jefas de familia, cuidadoras únicas de hijos menores de edad, cuidadoras de hijos o familiares con alguna discapacidad o imposibilitados para cuidarse a sí mismos, no deben -bajo ningún motivo- cumplir sentencias privativas de la libertad.

Hay experiencias a nivel internacional donde las mujeres solo duermen en las prisiones, pero salen cada día a cuidar a su familia y trabajar porque se les reconoce como la única fuente de ingreso de sus familias; sin ellas, sus familias corren mayores riesgos y solo se reproducen los ciclos de violencia. La política de drogas en nuestro país ha sido la principal causante del aumento de mujeres en nuestro sistema penitenciario porque, sin importar las circunstancias, se les colocó en el mismo saco de líderes de grupos criminales. En muchos casos, solo estuvieron en el lugar equivocado con las personas equivocadas.

Una Ley de Amnistía debe venir acompañada de cambios profundos en la forma de entender la ejecución de sanciones penales y políticas de Estado en favor de grupos vulnerables.

Mujeres e indígenas son frecuentemente abandonados por sus comunidades y familias una vez que son internados en prisiones. Así, dejarlos en libertad, de un día para otro, es también dejarlos a su suerte. Hay algunas casas de medio camino, sin embargo, son pocas y se les ha recortado el presupuesto por la austeridad de la 4T, No contemplar estas aristas es dejar en libertad a personas que solo reincidiendo van a poder sobrevivir.

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