La ira como motor

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Twitter: @abi_mt

Como escribí en una columna anterior, no deja de sorprenderme el nivel de atención que se ha dado algunos casos de vandalismo y violencia que han sucedido en las marchas y movimientos sociales feministas, y el rechazo y críticas que han suscitado. En particular, me llama la atención que, a pesar de la evolución del movimiento, la cantidad de mujeres que asisten, y el número de mujeres que apoyan su visualización en redes sociales, la atención de los medios y de un segmento importante de la sociedad se enfoque en “el vandalismo” y no en la causa que lo propicia.

Es notable cómo la ira que han mostrado con actos vandálicos y violencia ALGUNAS de las manifestantes, enardecidas por la ola de violencia contra las mujeres quienes no podemos llevar a cabo acciones tan básicas como caminar solas en la calle sin sentir miedo, resulte tan escandalosa en una sociedad que se ha dejado conducir por la misma ira los últimos años e incluso celebra exabruptos similares en los movimientos sociales de otros países, como las recientes manifestaciones de chile en las que se devastaron muchas instalaciones del servicio público de transporte.

Si bien, coincido en que la ira y la violencia rara vez abonan a la construcción de soluciones, es de resaltarse la falta de empatía de una sociedad que, iracunda y harta de la corrupción, la impunidad y la violencia, votó con el hígado por un candidato que protege a su gente cercana aún ante el más rampante enriquecimiento ilícito, relativiza la moralidad de robar aunque prometió que “nadie estaría por encima de la ley” y no ha mostrado señal alguna de cambiar el rumbo de una estrategia que ha bañado de sangre al país, más aún la ha exacerbado. Lo peor de todo esto es que se sabía que las cosas serían así, pero la mayoría de la gente que votó motivada por la ira, hoy abraza la templanza y deposita sus esperanzas en falsas promesas que difícilmente se sostienen en las acciones cotidianas de este gobierno. Como si la destrucción institucional no fuera más grave que la destrucción del mármol o las pintas en los monumentos. Es de sorprender que quienes votaron por un brinco al vacío de la transformación motivados por el hartazgo y la ira, hoy critiquen la “irracionalidad” de las activistas feministas como si fueran un movimiento homogéneo.

Es enloquecedor que los ejercicios pacíficos de manifestación sean ignorados y que a la mayoría de la población le parezca “normal” que maten a 9 mujeres al día, pero no que “las damitas” vandalicen monumentos. Es exasperante que ante ejercicios artísticos como “un violador en tu camino” algunos hombres satiricen y trivialicen. Es desgarrador que no podamos esperar más de las propias autoridades, pero es demencial que las mujeres paguen la denuncia de estas vejaciones ante las autoridades con su vida, como Abril, como Sonia, como los cientos de mujeres que fueron asesinadas en “la normalidad”.

No comparto la visión de que la violencia puede abonar a encontrar soluciones, pero sí comparto la ira de las mujeres que queremos paz y no tener miedo de morir por ser mujeres. Vivimos en tiempos de ira que está gestando un cambio de época. Pienso que es lamentable que la ira sea nuestro motor de cambio, pero si efectivamente nos lleva a mover a la sociedad a reflexionar y redefinirse, quizás es tiempo de dejar de pensar si la ira está bien o mal, y mejor esforzarnos por encausar los cambios que propicia. Es la última esperanza de muchas mujeres.

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