La gran transgresión

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Twitter: @FernandoNGE

Plaza Cívica

Dos sucesos de considerable trascendencia nacional ocurrieron en días recientes. El primero representa un atentado en contra de las normas escritas y no escritas de nuestra democracia. El segundo pronuncia una advertencia sobre la insensatez, el extremismo ideológico, la inexperiencia y el conflicto de interés que existen en alguna medida en el actual gobierno de la República.

Las sospechas políticas se tornan más sospechosas, y las conjeturas económicas comienzan a confirmarse.

El próximo gobernador de Baja California, quien es un ciudadano estadounidense y mexicano, militante del Partido Republicano y Morena, con empresas en Estados Unidos y México, quien se ha desempeñado como funcionario público estadounidense y mexicano, es donador de campañas políticas norteamericanas, y ha jurado defender la constitución americana (“de enemigos extranjeros o nacionales”) y también la mexicana:

Jaime Bonilla Valdez, se atrevió a realizar algo en México que en Estados Unidos jamás haría: extender el plazo de su mandato una vez concluidas las elecciones.

Si desde 2014 se fijó un plazo de gobierno de dos años, en pleno 2019 lo quiere cambiar a cinco. Si la ley es clarísima al prohibir reformar normas electorales una vez iniciado el proceso electoral, durante pleno proceso ha intentado en repetidas ocasiones cambiar el ordenamiento jurídico.

Si el Tribunal Electoral local (TJE-BC) sospechosamente ha permitido el cambio de plazo, el tribunal electoral federal (TEPJF) ha desechado todos los recursos por extemporaneidad. Y como por las vías judiciales no se ha podido, ahora se intenta por la vía política: el congreso local, en un albazo de noche, cambia la ley con los votos de 21 de 25 diputados locales (en un congreso con mayoría panista).

Lo que pretenden es ilegal e ilegítimo, propio de repúblicas bananeras: ilegal porque atenta contra las leyes, ilegítimo porque atenta contra el voto. Morena a nivel local y nacional lo apoya con declaraciones preocupantes, algunos destacados cuadros morenistas y de la izquierda se pronuncian en contra y prenden las alarmas… y el presidente de la República básicamente calla. Lo que sucede, ¿es la gran excepción, un laboratorio a nivel local para algo nacional, un suceso que forma parte de una creciente tendencia anti-democrática?

Carlos M. Urzúa Macías es un respetado académico, destacado economista de izquierda, eficiente administrados público, hombre de confianza de López Obrador y ahora ex-secretario de hacienda: duró solo meses:

“…en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento”, ”…toda política económica debe realizarse con base en evidencia”, ”…libre de todo extremismo, sea éste de derecha o izquierda…”, ”…durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco”, “…me resultó inaceptable la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública”, “…fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”.

En una reciente entrevista con Proceso, entra a detalle: se opuso a la cancelación del NAIM y la construcción de Dos Bocas, del manejo de CFE por parte de Manuel Bartlett y el virtual desconocimiento de los contratos de gasoductos, de la continua austeridad gubernamental, de la discrepancia entra la expansión de programas sociales y la falta de una reforma fiscal, del nombramiento de un empresario con amplios intereses económicos en la jefatura de la Oficina de la Presidencia y la influencia que ejerce al colocar a su gente en la banca de desarrollo y el SAT. Eso sí, dice que AMLO es el mejor político del país, que le puso un alto a Romo porque iba por más, que el Tren Transístmico es un buen proyecto. Agregaría: el 59% de los burócratas en hacienda han sido despedidos. El presidente dice que no hay conflicto de interés y “…además yo estoy pendiente de todos”.

Hay una transgresión contra principios fundamentales del desarrollo político y económico, de la democracia y las finanzas públicas. Debajo de la quietud del mar, el volcán.

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