Hombres contra el machismo

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Twitter: @JoseUrquijoR

Hace unos tres años tuve mi primer acercamiento con el feminismo y los temas de igualdad de género. Debo confesar que era parte de aquellos que escuchaban el concepto feminismo, e inmediatamente lo asociaba a la imagen de mujeres “masculinizadas”, “descuidadas” y “poco femeninas”. Un estereotipo que busca invisibilizar la causa de los colectivos feministas, basado en un prejuicio totalmente machista de “lo que debe ser” una mujer.

Comencé a estudiar sobre el tema por necesidad. Tenía un par de clientas mujeres cuya agenda de causas eran la igualdad de géneros y el combate a la violencia contra las mujeres. Los prejuicios con los que crecí en la sierra de Sonora se imponían por encima de las teorías y los datos. Me costó trabajo entender la desigualdad estructural, histórica y sistémica que ha mantenido a las mujeres bajo el yugo de los hombres.

Con la paciencia, consejos y el cariño de dos grandes mentoras, -Verónica y Guillermina Navarro- aprendí algunos conceptos teóricos, y comencé a entender el privilegio que tenemos los hombres por el solo hecho de haber nacido hombres. Entendí que la posición de privilegio que tenemos los hombres frente a las mujeres, era el principal obstáculo para comprender el problema de desigualdad estructural que se convierte en violencia.

Ha sido un proceso largo donde sigo aprendiendo a deconstruirme y cuestionarme.

Impulsado por los colectivos feministas a lo largo de las décadas, nuestro país ha desarrollado una gran cantidad de leyes e instituciones que buscan saldar la desventaja cultural histórica con las mujeres y las niñas. Sin embargo, aunque los marcos jurídicos son cada vez más fuertes, aunque contamos con instituciones enfocadas a atender a las mujeres víctimas de violencia, el problema no disminuye ni se extingue.

Por el contrario, pareciera que la violencia se ha recrudecido contra ellas, y constantemente encontramos casos en la prensa sobre feminicidios que nos estremecen, como el caso de Ingrid Escamilla o la niña Fátima que fue encontrada ayer por la tarde en la alcaldía de Tláhuac.

Estos casos han abierto una vez más la discusión sobre la violencia machista en México. Muchos hombres defienden que nosotros como género no somos el problema. Que el problema solo se cerca en el feminicida.

Justamente nuestra actitud de negación es parte del problema. Porque las mujeres ya han hecho su parte al impulsar los cambios normativos e institucionales, sin embargo, aún falta una arista que se niega a cambiar: el machismo.

Como hombres, debemos entender que, si bien no somos feminicidas, sí somos reproductores de machismos y micro machismos que tenemos normalizados por los valores que hemos aprendido, por creer por ejemplo, que el cuerpo de la mujer es simplemente un objeto.

Es hora de ponerle un alto a los chistes machistas. De visibilizar los comentarios que reproducen conductas machistas en nuestra familia, con nuestros grupos de amigos o en nuestros espacios de trabajo.

Para acabar con el machismo, es hora de que los hombres reflexionemos sobre nuestro papel en el problema de la violencia contra las mujeres y dejemos de ser permisivos con los chistes misóginos.

Pero también es hora de cuestionar los roles y estereotipos de género que se reproducen y fortalecen desde los medios de comunicación.

Podemos hacerlo compartiendo las tareas domésticas por voluntad propia, cuestionando los chistes y comentarios machistas, ejerciendo la paternidad sin verla como una “ayuda que le das a la mujer”. Es momento de que los hombres combatamos el machismo con acciones concretas, más allá de las palabras.

Las opiniones vertidas en la sección de Opinión son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista de Gluc.

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