Fatiga

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Twitter: @LuzJaimes

Él vivió ya todo su pasado. Las arrugas en su frente y mejillas delatan su cansancio. Los párpados caídos, fatigados de escuchar. Decidió dejar crecer su barba para ocultar otras imperfecciones.

Está tomando un tono gris que luce bien con su sonrisa.

Hay dos entradas en su frente que podrían llevarnos hasta el sendero de esa tarde,  de ayer, de hace dos semanas; cinco años. Su profesión hoy es vivir en el presente porque pensar en el futuro le quita la respiración, le quiebra más las piernas y provoca mil sudores.

Un vaso de agua fría lo reconforta, le da fuerza para sentarse en el sillón y descansar los huesos. Esta noche la luna llena iluminó su barba con un tinte más blancuzco que lo hizo ver muy enojado.

Nadie quiere ser amigo de la decadencia.

Tomando la copa de vino observó su mano. Nunca había observado su mano. Se dio cuenta de que todo es mentira. Tanto vino por la noche no impidió la dureza de su piel ni las arrugas en los dedos.  Miró sus libros, los olió y los firmó. Conversó con un lector imaginario. Entonces se dio cuenta de que el presente tampoco sobrevive a la egolatría de gigantes ni pequeños. Nada trasciende.

Prendió la fogata y se emborrachó. Qué importa. A nadie le molestaría su olor, su malestar ni su muerte. Nadie es tan importante como para no dormir al día siguiente cuando todo caiga. Decidió no decidir para que se cayera el mundo de una vez.  Esta vez no seguiría el éxito tras el fracaso.

Nadie es nada nunca ni hoy ni ayer ni para siempre ni jamás de los jamases.

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