Espere en la línea, regresaron La Chicas del Cable

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Twitter: @JosManu31

Ex(POP)sión

El pasado 9 de agosto se estrenó la cuarta temporada de la exitosa serie española Las Chicas del Cable, la cual tiene distribución internacional en la plataforma Netflix. Para aquellos que aún no la conocen, la historia explora a cuatro mujeres cuyas vidas se entretejen debido a que las cuatro entran a laborar a la centralita de telefonía en Madrid.

Esta fue la primera producción que el servicio de streaming creado por Reed Hastings y Marc Randolph hizo en España, se estrenó en abril de 2017. Después Netflix continuó experimentando con otras series españolas como Élite y la compra de La Casa de Papel para su distribución exclusiva desde la temporada tres. Pero las telefonistas: Lidia (Blanca Suárez), Ángeles (Maggie Civantos), Carlota (Ana Fernández) y  Marga (Nadia de Santiago) fueron las pioneras en esta plataforma y conquistaron al público.

En un inicio las operadoras telefónicas buscaban conseguir independencia para las mujeres y esta cuarta temporada no es la excepción, la línea argumental principal va en un tema electoral, Carlota se postula como alcaldesa de la capital y se ve involucrada en un crimen político que la lleva a prisión pues todo indica que ella es la culpable. Además se vuelven a tocar temas LGBT+ y con un enforque feminista.

Las chicas tienen una química en pantalla que aún es disfrutable cuando están juntas, sin embargo, aunque la trama se disfraza de tener evolución en los personajes en realidad continúa con lo recurrente y todas parecen estancadas: una Lidia indecisa en el triángulo amoroso con Carlos (Martiño Rivas) y Francisco (Yon González) situación que lleva atormentándola desde el inicio del show; una Carlota en busca de poder vivir su vida libre de prejuicios por tener una relación con Óscar (Ana María Polvorosa); una Ángeles dispuesta a hacer lo que sea por su hija; una Marga confundida en el amor; y una Doña Carmen (Concha Velasco) quien continúa haciendo la vida imposible a todo el que se le pone en frente.

El diseño de producción sigue siendo uno de los puntos más fuertes de la serie. La ambientación hace que cada escena sea un lujo, con vestuarios que evocan la moda de los años 30’s, tanto en los uniformes de las telefonistas como los espectaculares vestidos que retratan la personalidad de cada una de las protagonistas y los elegantes trajes que usan los varones.

Si son fanáticos de la serie, seguro la disfrutarán como las anteriores tres partes (ya conocen los cliffhangers a los que nos tienen acostumbrados), pero es complicado pensar que los creadores del programa vayan a ganar más espectadores con el producto entregado en los ocho capítulos titulados: “La igualdad”, “La libertad”, “La justicia”, “El miedo”, “La vida”, “La duda”, “La felicidad” y “La suerte”.

No ofrece algo novedoso para generar nueva audiencia, vuelve a crear situaciones tan complicadas de resolver que cuando se busca una solución a las mismas se cae en lo absurdo. La línea telefónica se extendió con Las Chicas del Cable y quizá es necesario que los creadores piensen en cerrar la historia en la ya confirmada quinta entrega (la cual estará ambientada en la Guerra Civil) antes que todo se vuelva una llamada de largo aliento que deseemos cortar o ya no queramos contestar.

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