Entramando el diálogo civil-militar

#Columnista

Twitter: @AleJuarezA

¿Cómo combinar al mismo tiempo obediencia y lealtad institucional, con disciplina y juicio (que ayudaron a darle estabilidad al país durante décadas) cuando, las órdenes que por institucionalidad debes cumplir, vienen de alguien que no tiene idea de lo que ordena y que, además, te utiliza para darse a sí mismo credibilidad a costa de la tuya?

Este dilema plantea la situación de las Fuerzas Armadas en su relación con el Comandante Supremo, es decir, el Presidente de la República.

La falta de voluntad política, el profundo desconocimiento de la naturaleza de los institutos militares y la falta de respeto a sus funciones constitucionales, también son algunas de las causas de la crisis de violencia e inseguridad que vivimos. Esto no ha cambiado con la recién creada Guardia Nacional.

Fuente: animalpolitico.com

El abuso de la subordinación y respeto militar al poder civil por parte de quienes han desempeñado el cargo de Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas las ha dañado y ha dañado al país. Otorgándoles el beneficio de la duda, tal vez no ha sido intencional.

Este escrito no es uno más sobre los errores que han tenido las estrategias en seguridad en las últimas tres administraciones, sino señala una valiosa oportunidad que tenemos en frente como país: conocer más y mejor a nuestras Fuerzas Armadas. Esto, en un desempeño óptimo, nos llevaría como nación a desarrollar mejores políticas públicas y ayudaría a evitar dilemas como el que he descrito.

En un escrito anterior expuse la necesidad urgente de entablar un diálogo civil-militar proponiendo que fuera por medio de los ámbitos académicos civil y militar.

En este diálogo, además de tratar las preocupaciones y propuestas de ambas partes, serviría para que se conocieran mutuamente, otorgándose espacios que contribuyeran a una mejor comunicación y entendimiento.

¿Cómo impulsamos este diálogo? Para entablarlo se deben de considerar al menos dos situaciones.

Primero, en cualquier diálogo real los prejuicios no abonan

No son pocas las veces que he escuchado a miembros de la academia afirmar que «los militares no piensan». De igual modo, desde la milicia también descalifican a «los ratones de biblioteca que creen que con sus libros arreglarán las cosas». Estas posturas no aportan a las soluciones de los problemas de México y deben de reconocerse como algo reprobable.

Segundo, el diálogo sólo es posible cuando es entre iguales

Junto a los prejuicios y discriminaciones se ponen de manifiesto absurdos «aires de superioridad» en ambas partes. Habiendo servido a México en la Marina y estando ahora en la academia, puedo afirmar que en ambos sectores (con sus propias particularidades) comparten características como la disciplina y objetivos como el propósito de que el país mejore. Eso debería ser suficiente para observarse como iguales y mostrarse respeto.

Este diálogo civil-militar es impostergable. México está llegando a sus peores niveles de violencia e inseguridad y aún no hay señales de que el escenario vaya a mejorar.

Que dialoguen quienes estudian el problema y quienes enfrentan el problema, es decisivo.

#SolucionesDeRaíz

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