Cien días en España

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Twitter: @AleJuarezA

Por el posgrado que estudio en el CIDE, tuve oportunidad de viajar a España.

Elegí ese país por dos razones. La primera es porque ahí está uno de los principales estudiosos de propaganda militar en el mundo, el Doctor Alejandro Pizarroso Quintero. La segunda causa es porque considero que, a pesar de la larga dictadura de Franco, con el regreso de la democracia, han sabido llevar de mejor manera sus relaciones cívico-militares. Nunca había ido y esta primera vez que fui, estuve más de 100 días. No era poco tiempo como para pensar en una situación más o menos «turística», ni lo suficientemente largo como para llevar una «vida cotidiana». Era una escala entre las dos.

De esta experiencia quisiera rescatar cuatro puntos:

Uno: el transporte público

El transporte público de Madrid es excepcionalmente bueno. A través del Metro puedes llegar a muchas partes de la ciudad y en donde no hay cobertura, el autobús complementa el trayecto. Por supuesto, esa calidad tiene un costo. Un viaje en Metro, que en la Ciudad de México cuesta $5.00, en Madrid cuesta $25.00.

Dos: la situación migrante

En un escrito anterior narré como un joven español me llamó «ilegal» por mi piel morena clara. Con muchos españoles con los que hablé pude observar un creciente rechazo a la inmensa oleada de migrantes (sobre todo sudamericanos) que están llegando a su país y a las políticas del gobierno español para apoyarlos. La queja principal es que el gobierno español apoya más a los migrantes que a los propios españoles. Eso tiene un vínculo directo con el ascenso de partidos de ultraderecha como VOX.

Tres: México-España y el Día de la Hispanidad

La fiesta nacional en España es el 12 de octubre, Día de la Hispanidad. Noté que, así como algunos de nosotros «añoramos» los territorios perdidos en la guerra con los Estados Unidos, muchos españoles «añoran» el poderoso imperio español en el que «nunca se ponía el sol», pero, ante todo, la pérdida que más recienten es la de México. En una de las conversaciones más extrañas que he tenido en mi vida, un exaltado militar español le dijo a otro que la capital de España no debió haber sido Madrid, sino la Ciudad de México.

Por supuesto no falta quien cree que Cortés y sus seguidores «le hicieron un favor» a los aztecas al invadirlos. No pretendo debatir sobre esto último porque lo pienso inútil; sólo lo menciono como parte del imaginario español vigente sobre el tema.

Cuatro: la visión de México en España

En mi contacto con personal académico de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad de Alcalá y el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN), fue notorio el interés en la seguridad de México. En general tienen buena imagen de nuestro país en cuanto a la gente, las costumbres y las bellezas naturales, pero no lo consideran un lugar apto para vivir por la incontrolable violencia que, después de 13 años, ya es muy conocida en el mundo.

Estos cuatro puntos que especialmente llamaron mi atención son parte de las múltiples experiencias que tuve en esos 100 días.

La calidad de vida, que considero mejor a la que hay en México será el tema de mi próximo escrito. Es un asunto que toca diversos tópicos (agua, educación, seguridad, calidad del aire, limpieza, etc.) y le dedicaré todo un texto ya que no veo impedimentos reales para que podamos alcanzar algo similar, salvo la férrea oposición de nuestra clase política que se empeña en negarnos ese nivel de vida y nuestra responsabilidad como sus electores.

Las opiniones vertidas en la sección de Opinión son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista de Gluc.

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