Así no, pero sino ¿cómo?

Twitter: @marisahurtadom

El sábado por la tarde mientras estaba en una comida, y por mera coincidencia estaba en una mesa con puros hombres, salió la conversación de “como dejaron el Ángel” las manifestantes que marcharon ese día, por la interminable violencia contra las mujeres.

Al haber estado fuera todo el día y desconectada de las noticias, en primera instancia no supe de que me hablaban, pero después me enseñaron la imagen del Ángel de la Independencia lleno de grafitis, seguida del comentario “no manches así no” y tristemente mi primera reacción si fue “hay formas” de manifestarse.

Asimismo, días antes había sucedido el tema de la diamantina en las oficinas centrales de la PGJ, y también había pensado que protestar y hacerse escuchar no debe de ir acompañado de violencia, y que una cosa no tendría por qué ver con la otra.

PERO, en ambos casos, en cuestión de segundos reflexioné e imaginé mi peor miedo, y justamente pensé en que sería ser atacada de cualquier forma o ser desaparecida. Y a la par ponderé, esto es algo que toda mujer siente y nos persigue todos los días, a todas horas, en todos lados, simplemente por el hecho de ser mujer.

También recapacité en la triste realidad en la que existimos.

Vivimos en un país que ocupa el primer lugar en feminicidios en todo Latinoamérica, en el que cada 4 minutos una mujer es violada y 70% de los casos son en un contexto familiar y/o social, en el que cada 2 horas y media una mujer es asesinada víctima de la violencia de género, en el que en enero de este año fueron asesinadas 302 mujeres, en febrero 272, en marzo 310 y en abril 315, siendo así el primer cuatrimestre más violento en la historia de México para las mujeres.

Es más el miedo, rabia, ira e indignación que sentimos de manera habitual, que viéndolo desde esta perspectiva, el hecho de que se vandalicen monumentos es quizás lo menos relevante.

Y evidentemente esto me llevo a la conclusión de que es lógico que, con todo este contexto, más el miedo que sentimos de manera habitual, se desarrollé una incontrolable rabia, ira e indignación, y que, viéndolo desde esta perspectiva, el hecho de que se vandalicen monumentos es quizás lo menos relevante.

Es anonadante lo que está pasando. Y es más increíble aun que miles de mujeres tengan que salir a las calles a manifestarse, de la forma que sea, para alzar la voz en contra de algo que simplemente no debería suceder.

Finalmente, sólo podemos esperar que se entienda y aprecie por la mayoría de los mexicanos, que lo que está sucediendo no son tendencias de un día, no son corrientes en contra de los hombres, no son protestas clichés, no son una acción feminista. Estas movilizaciones buscan abrir los ojos de que lo que esta pasando no son casos aislados, sino síntomas inagotables de un mal sistémico, y que hasta que haya un cambio se hará hasta lo imposible, cueste lo que cueste.

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