Artz

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Twitter: @CLopezKramsky

El miércoles 24 de julio fue un día negro para la seguridad en la Ciudad de México, pues se demostró el caos en el que operan las autoridades encargadas de salvaguardar nuestra integridad; por la tarde, en la conocida plaza Artz Pedregal, ubicada sobre Periférico Sur, muy cerca de uno de los edificios principales de la agonizante Policía Federal, se dio una balacera al interior de uno de los restaurantes, que dejó dos personas fallecidas y un par más heridas, entre ellas, un oficial de la policía capitalina.

La respuesta de las autoridades de la Ciudad de México no se hizo esperar y, una hora después del tiroteo, se informó en todos los medios de comunicación que se había tratado de un crimen pasional y que la autora material del homicidio estaba detenida.

Pero las cosas siempre caen por su propio peso reza un refrán popular y, conforme pasaron las horas, nueva información fue surgiendo en las redes sociales y en los medios de comunicación, en especial, en los de Israel. Toda esta nueva información contradijo la versión que se había difundido originalmente y dejó en completo ridículo a la Secretaría de Seguridad Ciudadana y a la Policía de la Ciudad de México. Veamos qué pasó.

Resulta que el mentado crimen pasional sí fue perpetrado por una mujer que ya fue detenida, pero lo que no cuadra es que hubo otra persona de sexo masculino que estuvo con ella y que también disparó a los dos fallecidos. Tampoco se explica cómo, en un crimen pasional, hubo 44 casquillos percutidos, de armas de uso exclusivo del Ejército, y mucho menos se entiende por qué, en un crimen pasional, hubo otras tres personas en un auto esperando a los autores materiales para escapar, quienes al ser perseguidos se enfrentaron a balazos con la policía y, lo peor, lograron huir.

Otra enorme interrogante surge al difundirse que los hombres asesinados eran israelíes, que tenían estancia de residente temporal en México, con permiso de trabajo, y que, de acuerdo con medios de comunicación en Israel, tenían antecedentes penales por delitos graves.

Asimismo, hay versiones publicadas que cuentan que antes del tiroteo en el restaurante, hubo otro en la planta baja de la plaza. Todo indica que esta meticulosa elaboración del hecho fue mucho más allá de un crimen pasional, en especial cuando se ha informado que la detenida conocía por redes sociales a su supuesta pareja.

¿De cuándo a acá se asesina a alguien con quien se tiene una relación “amorosa” por internet?

Horas después (y posterior a la información surgida en redes sociales), el vocero de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, aceptó que debe descartarse la línea de investigación del crimen pasional y que ahora investigan “arreglos con la mafia israelí”.

La rumorología sigue creciendo en torno al caso y quizá nunca sabremos qué pasó en realidad, pero lo que sí es claro es que, para las autoridades capitalinas, este hecho victimizante ha demostrado la ineficacia con la que operan, su falta de protocolos, la inexplicable necesidad de abrir la boca para declarar cosas que no han investigado y de las que no tienen certeza y, más preocupante aún, deja en evidencia la nula capacidad de respuesta que tiene la policía para atender un suceso delictivo de forma inmediata.

El mensaje que se envía a los delincuentes es peor aún, pues si un grupo de personas puede entrar a una de las plazas comerciales más concurridas, en una de las zonas más acaudaladas de la ciudad, en plena tarde, asesinar a dos personas en un restaurante y salir a punta de balazos del área, sin más detenidos que uno de sus miembros, que además engaña a la policía –y ésta cae inicialmente en el garlito del crimen pasional-, pues entonces cualquier cosa puede suceder.

Ya lo hemos dicho en este espacio, la Ciudad de México está viviendo una época de tribulaciones e inseguridad como no habíamos visto en décadas y si el gobierno de Claudia Sheinbaum no corrige el camino, estas tragedias se van a seguir repitiendo hasta hacerse cotidianas. Ha pasado en otras ciudades del país; ojalá la jefa de Gobierno aprenda de esas lamentables experiencias.

 

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