Opinión

Sobre el vino y la vida

Bordeaux es una constelación de diferentes sistemas, apelaciones, clasificaciones, regiones y viñedos.
jueves, 9 de septiembre de 2021 · 19:24

Todo estudio y referencia sobre el vino hoy en día necesariamente pasa por el caso francés. Francia es un referente del vino en la actualidad. Decíamos hace algunas semanas que cuando uno decide profundizar sus conocimientos sobre esta bebida, debe conocer al derecho y al revés la geografía vitivinícola de Francia; qué tipo de vino se produce en qué regiones, cuáles son las uvas más utilizadas, el estilo, las tradiciones, etc. Todo ello para comprender las técnicas modernas y tener un punto de referencia para estudiar a otros países y a otras regiones. Ello además permite evaluar la calidad del vino, dados los estándares utilizados en el país galo. Aunque las comparaciones son odiosas, en este caso ayudan a identificar y catalogar el vino de otros lugares, tanto del viejo mundo, como del nuevo.

En ese sentido, hay varias regiones importantes: Bordeaux, Champagne, Bourgogne, Loire, etc. Y quiero traer el ejemplo de Bordeaux porque es quizá la región más conocida y cuyo nombre evoca las referencias más claras sobre esta bebida, no solo por su tradición e historia, sino por la calidad y la elegancia de sus vinos; inclusive, muchas de las botellas bordelesas se venden a precios estratosféricos y de forma adelantada (“en primeur”), es decir, incluso antes de que el vino se embotelle, generando flujos de efectivo para los productores, siendo una forma muy rentable de posicionar el vino anticipadamente.

Pero cuando uno decide empezar a ver las diferencias y los detalles de Bordeaux, como una región en sí, resulta que esta es una de las zonas más disparejas y menos uniformes en temas de apelaciones, reglas y calidades; si bien en general hay cierto tipo de uvas permitidas en la actualidad y cierta calidad mínima que los vinos deben de tener para ser considerados “Bordeaux”, es también cierto que la clasificación del vino en Saint-Emilion es muy diferente de Médoc y a su vez de Graves. Las tres zonas producen estupendos vinos bordeleses, pero la realidad es que cada región hace un poco lo que más le conviene. Por poner un ejemplo, un vino catalogado como Saint-Emilion Grand Cru no es necesariamente una indicación de calidad, sino de geografía. Si además se quiere indicar la calidad, entonces debería ser “Grand Cru Classé” (y sus sucesivos); mientras que del otro lado del río, en Médoc, los productores están catalogados del primer al quinto “crecimiento” (Premier Cru, etc.), cuyos niveles datan de 1855. Si además  esto lo comparamos con otra región llamada “Pomerol”, nos damos cuenta que allí no hay ni siquiera clasificaciones de calidad, pero no lo necesitan porque sus vinos, por sí solos, alcanzan precios exorbitantes.

En conclusión, Bordeaux es una constelación de diferentes sistemas, apelaciones, clasificaciones, regiones y viñedos que, en su conjunto, producen vino de buena calidad y de referencia, pero si lo vemos detenidamente, es la unión de piezas diferentes (y hasta contradictorias) que forman un conjunto espectacular.

Me gusta mucho esta comparación con nuestra vida, porque nuestros mayores tesoros, aquellos que valoramos tanto, así como nuestras relaciones interpersonales o las épocas más significativas que hemos vivido son similares a lo anterior: son una constelación de personas, eventos y momentos similares, diferentes y en ocasiones hasta contradictorios, pero que juntos forman un cuadro fenomenal. El vino, como lo hemos dicho antes, tiende a imitar nuestra vida: no podría ser de otra forma. Por eso es tan fascinante.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @BeyondTheGrapes

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