Opinión

Y tú, ¿por qué corres?

Los corredores tenemos las mismas razones por las que nos gusta correr, no importa en dónde sea que los tenis nos lleven.
domingo, 26 de septiembre de 2021 · 19:31

Pisando Fuerte
El corredor recreativo y su mundo

Seis en punto de la mañana, entro a la pista de Los Viveros, templo de corredores en el corazón de Coyoacán al sur de la Ciudad de México, y que a esta hora está totalmente oscuro. Estiro un poco, no más de lo necesario y arranco con un trote ligero, sé que mis pies conocen la ruta y no me preocupa que la oscuridad quiera meterme una zancadilla.

Me parece que llevo unos 300 metros de trote y en ese momento me doy cuenta de que a pesar de ser arcilla mis pisadas no se escuchan, me sorprendo del silencio que se rompe en ciertos puntos cuando accidentalmente pateo alguna piedra de esa superficie rojiza y el ruido que genera es único; literal, es único no hay ningún otro ruido… y pienso que si esto no es un paraíso no sé qué lo será, redescubro que corro gracias a estos momentos.

De pronto amanece y aparecen corredores con tenis, shorts y playeras de colores que parecieran flores que los primeros rayos de sol depositaron suavemente sobre la pista; los hay de todo tipo, y conforme amanece somos más y más los corredores de ese sábado de distancia, por eso, cuando la ruta principal se llena decido zigzaguear entre los callejones, disfruto la soledad de esos instantes, debo confesar que en esos tramos de soledad cuando alguien se cruza me da gusto, casi siempre sucede que los corredores nos saludamos con una sonrisa discreta, sonrisa de complicidad porque tal vez pensamos lo mismo: que placer es correr, y a veces es mejor solo.

De correr me gustan muchas cosas, muchas más de las que ya sé porque siempre hay algo nuevo y repito una y otra vez que correr es una actividad en soledad, aunque vayamos en grupo o en parejas vamos solos, nunca dejamos de percibir nuestro cuerpo, nuestras piernas y nuestros brazos y desde luego nuestra respiración, y sucede algo mágico si es que vamos platicando con alguien y es que mientras hablamos al correr nuestros ojos se fugan de esa conversación para lanzar miradas por el entorno y contemplar lo que vamos dejando… por eso corro, porque ese momento, ese segundo de ese paso ha sido único y es irrepetible, vendrán mejores y peores, pero ese metro que cruzamos se fue, es pasado y ya lo hicimos.

Los corredores tenemos las mismas razones por las que nos gusta correr, no importa en dónde sea que los tenis nos lleven y tampoco importa el clima, algunas de mis mejores corridas han sido con la música de fondo de la lluvia sobre el piso, dos de ellas en la segunda sección de Chapultepec con mi amigo Juan Carlos, una más cuando corría un chequeo de 10K alrededor de la plaza de toros de la colonia Ciudad de los Deportes y otra que ya está en categoría de inolvidable es la que corrimos con el equipo de VorteX hace poco días en el Valle del Conejo, la que me permitió descubrir que sí hay algo mejor que correr, y es correr con lluvia.

Pero de todas las corridas bajo la lluvia, tengo fija una mañana de viernes en Viveros. Entrenaba para el maratón de la Ciudad de México y la lluvia cayó de pronto, fue como si hubieran llamado a todos de regreso a casa porque cuando me di cuenta era el único corredor, salvo una corredora más que me alcanzó y se emparejó a mi lado. Juntos dimos tres vueltas y fueron seis kilómetros sin una sola palabra de ninguno, íbamos juntos al mismo paso sin mirarnos, de pronto algún charco se cruzaba en nuestros pies y uno de los cedía el paso al otro, no vimos a nadie más y el piso brillaba por el agua y los rayos de sol que empezaban a cruzar las ramas de los árboles; de pronto solo me dijo: “suerte, aquí acaba mi corrida”, y se quedó en la entrada de la calle Madrid, yo seguí corriendo unos cuantos kilómetros más bajo esa lluvia que sentía como agua bendita que me enviaban mis padres desde el cielo para hidratarme, y yo agradecía la posibilidad de correr solo en los Viveros.

Para los corredores sentir el sol, la lluvia, los charcos, el polvo, las luces de los autos, la oscuridad de las calles, los árboles del bosque, las flores de la ciudad y a veces la compañía de otros corredores, son algunas de las razones que nos atan a correr como los cordones al short y una fuerza invisible nos hace cada día más fuertes y más tercos para no dejar de correr, porque descubrimos que correr se ha vuelto una ventana a un mundo paralelo, que es el mismo de todos pero que no todos vemos; así que para verlo, sentirlo, olerlo y tocarlo hay que correr.

Y si bien hay grandes corredores que se podrían citar para argumentar lo dicho y en brindis por esos amaneceres y esos atardeceres que vemos al correr, me permito tomar unas palabras de “Arte poética” de Jorge Luis Borges: “La poesía vuelve como la aurora y el ocaso”; si es así, los corredores somos primos de la poesía: regresamos con la aurora y con el ocaso.

Para ver:

Life In A Year, es une película del director Mitja Okorn, en la que actúan Cara Delevingne y Jaden Smith. Esta película es un ejemplo de que correr debe ser un acto voluntario y nunca impuesto, además de que más allá de correr la vida tiene otras cosas de las que a veces nos perdemos, esta película narra la historia de Isabelle, personaje a la que le resta un año de vida por un cáncer; por ello, Daryn le promete que la ayudará a vivir todos los momentos clave de una vida en ese tiempo.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @gdlpedro

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