Opinión

La otra cara de las olimpiadas

Ninguna medalla vale las secuelas físicas y psicológicas que tantas veces deja un deporte obligado, sin disfrute y con presiones externas.
martes, 3 de agosto de 2021 · 19:27

Las olimpiadas son la mayor celebración de los deportes a nivel mundial y una muestra de la grandeza, disciplina y talento de aquellas personas que dedican su vida a ellos. No obstante, en la última edición de estas, los problemas de salud mental, que han afectado a los atletas de alto rendimiento desde hace mucho tiempo, tomaron un nuevo nivel de visibilidad.

Los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 lograron llevarse a cabo, pero no fueron inmunes a la crisis que vive el mundo debido a la pandemia provocada por el virus del COVID-19. Después de más de un año de encierro, de angustia, de ansiedad, de metas estiradas, de personas que no se pudieron retirar y debieron posponerlo, los retos físicos y psíquicos de los deportistas más célebres del mundo se hicieron más evidentes que nunca. 

Y es que no es sorpresa la pesada carga que tienen estas personas sobre los hombros, frente a un público que cree que no son humanos, cuando sí lo son, y  que no entiende que en la mente de un atleta, los Juegos Olímpicos comienzan mucho antes de la fecha de su celebración, y supone un largo proceso de formación, preparación y capacitación previa. Y si estos no están al 100% en mente y cuerpo, los riesgos a los que se exponen pueden ser fatales.

Por muchos años se ha pasado por alto, que para que un atleta olímpico esté en su mejor desempeño, es esencial que sea prioridad tanto la preparación corporal como la mental. Lo que los atletas olímpicos nos han enseñado sobre la salud mental, es que la presión, exigencias y estrés a los que se enfrentan, sumados a estar lejos de casa y el venir de una pandemia, los ha llevado a límites inimaginables. La decisión de retirarse o de aceptar que han llegado a su punto de quiebre, no se relaciona con debilidad sino con sensibilidad, en una decisión por mantenerse sanos y saber cuándo decir que sí y cuándo decir que no. 

Ninguna medalla vale las secuelas físicas y psicológicas que tantas veces deja un deporte obligado, sin disfrute y con presiones externas.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @marisahurtadom

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