Opinión

Simona Biles y la nula calidad de vida

Y ojalá todos logremos hablar, sin miedo a juicio externo, de los infiernos que vivimos.
jueves, 29 de julio de 2021 · 18:53

En plena justa olímpica se ha desatado una discusión sobre la salud mental de los deportista; debido a que la talentosa gimnasta Simona Biles anunció su retiro de Tokio 2020 (en 2021) por temas de presión, ansiedad y depresión.

Todos han opinado, tanto atletas como comentaristas deportivos y aficionados: unos a favor de Simona Biles y otros criticando la postura. El celebre tenista Novak Djokovic aseguró que “la presión es un privilegio. Si tu objetivo es estar en la cima del deporte, lo mejor es que comiences a aprender a lidiar con la presión y los momentos difíciles”, según  un artículo publicado por el país.

El periodista León Krauze en un artículo publicado en Letras Libres -con base en su experiencia como periodista y entrevistador- escribió: “saber lidiar con la presión inusitada de la alta competencia, incluido su lado más oscuro (con todo y el seguimiento obsesivo de la prensa), es parte fundamental del oficio atlético, y más en tiempos de redes sociales e inmediatez informativa. Los grandes deportistas encuentran, en algún sitio, la capacidad de transformar toda esa exigencia en motivación (…). Lo mismo ocurre, por lo demás, con otros oficios cuyos profesionales enfrentan, con nerviosismo y tremenda responsabilidad, el peso del escenario. La presión y la expectativa de millones es ineludible. El resto está en su gestión”.

Seguir opinando sin empatía ni tomar en cuenta todas las variables y los contextos, demuestra una vez más que no hemos aprendido la lección.

Diversos especialistas llevan diciendo que la nueva pandemia (antes de la aparición del COVID-19) eran y serían las enfermedades mentales. No sólo por la híper-conectividad propia de los avances tecnológicos sino por la acumulación de expectativas la sociedad ejerce sobre los individuos, pero que no corresponde a la calidad de vida que pueden otorgar los modelos económicos vigentes.

Quizá, por eso, muchos vimos con esperanza la llegada de una visión política que ayudará a transformar la visión y a mejorar la calidad de vida. Empero, no se ha dado el escenario: la modificaciones siguen siendo por encima y no de fondo y obedecen más una moda ideológica que a una auténtica transformación del mundo.

El mundo así como las distopías trazadas por diversos cineastas y literatos coinciden en algo: si no cambiamos el rumbo, lo que conocemos por mundo va a ser peor que cualquier círculo del infierno descrito por Dante Alighieri.

Como yo no he tenido la suficiencia económica para viajar, no puedo hablar de cómo está el mundo con absoluta certeza, así que me concentraré a mi contexto: México.

Somos un país con una escasa o nula calidad de vida. El sistema educativo es risible, la moral religiosa sigue siendo brújula de muchas decisiones políticas, sigue sin apostarse adecuadamente por la cultura, la ciencia y el deporte. Aunado a eso, la plusvalía encarece todo y los salarios no alcanzan ni para sobrevivir. El desempleo y el hambre son los jinetes de esta especie de apocalipsis mexicano. Y encima de todo esto, los padres, los amigos, los jefes y los que gusten sumar a la lista exigen: salir avante de todo sin demostrar debilidad, pues es válido llorar o quejarse en privado. El mundo es para los valientes. El que está preocupado por comer, no tiene tiempo para deprimirse o sufrir de ansiedad. Hay quienes afirman las enfermedades mentales son fifís, neoliberales.

Sin embargo, las enfermedades mentales como cualquier enfermedad existen ya sea por genética o se adquieren por el tipo y sistema de vida que cada ser humano está teniendo.

Necesitamos mandatarios y políticos que legislen y creen las leyes, infraestructuras y políticas públicas necesarias para que todos accedamos a una auténtica calidad de vida: Las empresas privadas y las oficinas gubernamentales podrían optar por manejar doble turno laboral son sueldos dignos para vivir adecuadamente en este país y así nunca se paran los trámites ni la atención al público y los negocios e ingreso fluctúan, eso permitiría que cada ser humano invierta su mañana o tarde para atender necesidades personales, pasarla en familia o dedicarla al esparcimiento; logrando que cines, teatros y demás espacios culturales y de entretenimiento pudieran programar eventos tanto matutinos como vespertinos ofreciendo opciones de acceso a la cultura; los museos podrían ampliar sus horarios para que todos tengan oportunidad de visitar la exposiciones; en fin. Salubridad debería reconocer la depresión, la ansiedad, el estrés y otras enfermedades mentales relacionadas con los neurotransmisores como enfermedades oficiales y validar/justificar con goce de sueldo las ausencias laborales por estos motivos. Todos los centros laborales, deberían tener protocolos para detectar estos padecimientos y por Ley todas las oficinas privadas y públicas deberán contar con Psicólogo y Médico.

Necesitamos apostar por una re-educación donde se entienda el verdadero valor de competir y no se le dé una importancia extrema a un 1er lugar o a un último lugar.

Necesitamos exigir que los disciplinas deportivas sean consideradas como una verdadera profesión y que cada atleta tenga derecho a percibir un auténtico y digno salario que le permita dedicarse al deporte sin tener que realizar otra cosa y que cuenten con acceso a la vivienda, sistemas de salud y sistemas de retiro dignos.

Ojalá algún día entendamos que todos tenemos derecho a tener una verdadera calidad de vida y los gobiernos junto con los poderes económicos y sociales están obligados a generar las condiciones para no colapsar.

Mientras tanto es válido decir: no puedo, y es necesario que los demás extendamos la mano y el corazón para decir: yo te apoyo y estoy contigo.

Y ojalá todos logremos hablar, sin miedo a juicio externo, de los infiernos que vivimos. Lo he dicho y lo he escrito, cada que puedo: padezco episodios de ansiedad y depresión que -afortunadamente- puedo controlar aún, sin necesidad de medicamentos. Y deseo y trabajo porqué el tema aún esté en mis manos.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @AlfiePingtajo

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