Opinión

¿Dónde quedó la esperanza?

Ahora solo le queda a AMLO y a Morena ponerse a trabajar para refrendar el apoyo en las próximas contiendas electorales de 2022, 2023 y 2024.
jueves, 15 de julio de 2021 · 16:57

En 2018, para la mayoría de la población mexicana, una pequeña muestra de esperanza le bastó para volver a confiar en los políticos o en la política de quienes no solo empeñaron su palabra de hacer posible la transformación del país, sino también, de acabar con todo el mal que existía en aquellos momentos. Sin embargo, hoy en día las críticas giran en torno a los incumplimientos e incapacidades de las autoridades “expertas en las distintas materias y áreas gubernamentales”.  

En 2020

A más de un año de haberse consolidado un “nuevo régimen” en el país comenzaron a llegar las crisis nacionales – algunas derivadas de las mundiales – que en esencia se pensaba que el gobierno federal atendería con mayor razonamiento y responsabilidad. Lamentablemente, el peso de la obediencia perfecta fue mucho mayor que el bienestar social y económica. Sectores que, sin duda alguna, fueron las más afectadas durante este año.

Primero, la irresponsabilidad del mandatario para coordinar los protocolos de seguridad sanitaria que debieron realizarse desde el primer momento en el que las autoridades internacionales confirmaron y declararon la existencia del SARS – CoV - 2. Hay que recordar que no hubo prevención por parte del gobierno federal y algunos estados; otros gobiernos locales tomaron la iniciativa por recurrir a protocolos sanitarios y optaron por restringir actividades que pusieran en peligro a la sociedad en general.

Segundo, la falta de atención de los funcionarios públicos y legisladores para contener la problemática económica que desde la primera semana causó estragos en general. La decisión de López Obrador fue designar gran cantidad de recursos públicos a distintos programas sociales y a la continuación de los proyectos prioritarios (Tren Maya y Aeropuerto de Santa Lucía). Cabe señalar que no hubo ningún proyecto o planeación que diera sustento de equilibrio a estas acciones. Fue prácticamente autoponerse una estrella en la frente.   

En 2021

Pese a la continuidad de la pandemia las autoridades no optaron por coordinar planes, programas ni mucho menos acciones en los diferentes niveles de gobierno, únicamente fueron interinstitucionales – aprobando el poder central, “lo que diga usted” – sin medir consecuencia alguna. Y que por ende, no se podría ir en contra de la voz de mando. Esto, tarde o temprano, tendría su efecto secundario, y así fue. El resultado de las elecciones del pasado 6 de junio reflejó no solo el hartazgo de la ingobernabilidad de la administración actual, también fue un efecto “voto de castigo” a quienes no cumplieron durante su gestión legislativa, municipal y gubernamental. El mismo efecto que sufrió el PRI y el PAN en 2018, pero con la diferencia que marcó un ante y un después de tres años de oportunidades. Ahora solo le queda a AMLO y a Morena ponerse a trabajar para refrendar el apoyo en las próximas contiendas electorales de 2022, 2023 y 2024.

Hasta el momento el mandatario ha hecho declaraciones públicas que no han abonado a la empatía ciudadana ni se diga de la “clase media” – menos de la “alta” – con quienes definitivamente no contará con su apoyo por “ser difíciles de convencer” – o mejor dicho: “los que no creen en promesas de esperanzas” y quieren ver acciones, resultados –, el sector que sostiene en todos los sentidos al país y que, por supuesto, es el más afectado. 

Reflexión

Lo bueno fue el voto razonado que se necesitaba para este periodo legislativo. Tener el poder absoluto en manos de quien en sus inicios no obtuvo los resultados esperados para la ciudadanía, pero hay reivindicaciones.

Lo malo es que a pesar de los tropiezos y los errores se continúen cometiendo más y con frecuencia. Se debe cambiar la ruta y la estrategia si es que se desea mantener en el poder, o por lo menos considerar las posibilidades de ser partido en el gobierno.

Lo regular son algunos – muy pocos – avances en las distintas materias que sí son beneficio social, común y general, por ejemplo, la regulación del outsourcing – con algunas variantes que valdría la pena comentar en otro momento – en materia laboral, así como modificación a los lineamentos de créditos para compra de vivienda para los trabajadores (a través de INFONATIV y FOVISSSTE). También en la regulación en materia de derechos indígenas.

En conclusión, falta mucho por hacer, pero los ciudadanos tendremos la tarea de llevar a cabo un razonamiento lógico y puntual para las próximas elecciones, donde “la esperanza no muera al último” sino que quienes tengan el poder hagan su trabajo. Tal parece que es algo difícil, más no imposible.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @JOHN_OLIVERA

 

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