Opinión

Lecciones desde Colombia

La sociedad se organizó y tomó las calles, los sindicatos convocaron a un paro nacional y de todos los rincones del país salieron a protestar por la desmedida propuesta de reforma.
martes, 4 de mayo de 2021 · 18:16

En días recientes se vieron una serie de protestas en Colombia, algunos medios locales e internacionales se concentraron en los disturbios y la intervención del espacio público, pero en realidad lo que estaba sucediendo es mucho más complejo como para sólo observar las protestas.

Colombia como todos los países de Latinoamérica sufre altos niveles de desigualdad económica, la cual está también, racializada, sexualizada, focalizada y localizada en las regiones que más han sido azotadas por la violencia. Ha sido un país gravemente militarizado en aras de la seguridad y el combate al narcotráfico, estrategia que trajo consigo profundas rupturas sociales e institucionales.

Como si todo esto fuera poco, el actual presidente de ese país buscó instrumentar una reforma fiscal bajo el nombre de “Ley de solidaridad sostenible”, que bajo el argumento de recaudar más impuestos para más programas sociales terminó por ser una propuesta poco solidaria y poco sostenible para millones de colombianos.

La propuesta de reforma tuvo dos grandes puntos controversiales: cambios en el IVA e ISR. Los cambios en el IVA buscaron incrementar el impuesto del 5% a hasta el 19%. La tarifa más alta, argumentaron sería para los tres (de seis) estratos más altos y se les aplicaría en servicios y gasolinas, cuestión a la que luego el gobierno dijo que arreglaría la distorsión ocasionada por ese tipo de cobro.

El cambio en el ISR buscaba ampliar la base gravable, esto significa bajar el monto mínimo de pago del impuesto y el porcentaje aplicable. Para imaginar mejor el escenario, en México se aplica el ISR a partir de que se rebasa el salario mínimo, y se aplica una cuota que llega al 35% para quienes ganan más de 10,600 pesos, por arriba de los 8,300 pesos que gana un trabajador promedio en México.

Lo que proponía el gobierno era bajar el mínimo de la escalera de aplicación y ampliar el porcentaje de recaudación, algo sí como aplicarle el 35% del ISR a las personas que ganan cerca del promedio, es decir, aplicar la tarifa máxima a poco más de la mitad de los contribuyentes.

Sobra decir que Arthur Laffer en 1980 analizó a través de una curva la relación entre impuestos y nivel de recaudación, argumentando que hay un punto de saturación en donde puede haber un máximo de recaudación y que al rebasarse la recaudación disminuye, porque aumenta la informalidad y los mercados no regulados.

Sin embargo, lejos de lo estudiado por la teoría económica en Colombia, la sociedad se organizó y tomó las calles, los sindicatos convocaron a un paro nacional y de todos los rincones del país salieron a protestar por la desmedida propuesta de reforma. El gobierno colombiano que terminó por retractarse en lo legislativo, no se quedó atrás y con toda desproporción buscó reprimir el descontento social ocasionando al menos 500 heridos y 17 fallecimientos.

Las reformas fiscales siempre son complejas, porque son la cúspide de múltiples conflictos de intereses, pero la lección que nos da Colombia es contundente, sin justicia social, no hay fiscalidad para nadie.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @P_Mancebo

 

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