En días recientes se celebró el Día Mundial del Chardonnay. Si bien no existe un calendario oficial o único sobre los días festivos y celebraciones en el mundo del vino, lo hay de manera informal y consensuada sobre algunos días donde se recuerda o festeja algún evento, o como en este caso, un tipo de uva. Para algunos el día de este varietal fue el 18 de Mayo; hay otros calendarios que lo indican el 27 del mismo mes. Lo importante, al final de cuentas, es la oportunidad de hablar del Chardonnay, ya sea como vino terminado o de la uva que le da origen.
Junto con otros varietales como Sauvignon Blanc o Pinot Grigio, quizá el Chardonnay sea una de las uvas mundialmente más conocidas (y más plantadas) a lo largo y ancho de los continentes y una de las características más interesantes de ella es la capacidad que tiene de mutar, ajustarse y cambiar según el lugar donde crece y las técnicas de producción del vino que se le apliquen. En otras palabras, el Chardonnay es como un lienzo en blanco que desplegará los colores que queramos plasmar en él: puede ser un cuadro con formas y colores sobrios, o bien, llenos de vida y de forma exótica. Todo depende de qué tipo de pintura queremos, y siguiendo este ejemplo, quiénes son los destinatarios, para qué se va a utilizar o quién lo va a comprar.
El Chardonnay un vino versátil y lo podemos encontrar en varias modalidades
Voy a describir tres que me parecen las más importantes y relevantes hoy en día. En primer lugar, podemos encontrar vinos Chardonnay con acidez alta, mineralidad elevada y aromas cítricos. Un claro ejemplo de este tipo de vinos es la zona francesa de Chablis (que de forma oficial es parte de Borgoña, siendo ésta su zona situada más al norte). El clima frío provoca que las uvas mantengan su acidez; generalmente no se utiliza barrica en el proceso de fermentación o añejamiento y por ende, el vino mantiene sus sabores primarios de forma primordial. Este vino maridaría muy bien con una ensalada de cítricos o un ceviche.







