Opinión

Dos años más

Estamos en un momento peligroso de concentración de poder del presidente, podría ser dañino para nuestra democracia.
domingo, 2 de mayo de 2021 · 16:36

“Todo iba tan bien hasta que nos cayó la pandemia de Covid-19”. Esta idea está hoy más viva que nunca en la cabeza del presidente Andrés Manuel López Obrador y es el motor que lo impulsa a pensar en una posible extensión de su mandato.

El artículo transitorio de la reforma del Poder Judicial que aprobaron senadores y diputados hace unos días, mismo que permite la extensión del periodo del presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar, por dos años, es tan solo el primer paso para abrir la puerta a la extensión del periodo presidencial por un periodo similar.

El clan de López Obrador y López-Gatell ha fijado en su mente que la pandemia tendrá una duración de 2 años, los que ellos consideran como tiempo perdido y una especie de paréntesis que ha truncado el proyecto de nación de la 4T.

Como si el tiempo se pudiera suspender, López Obrador ha decretado en su mente que requiere de 2 años más para poder cumplir con todo lo prometido cuando asumió el poder en aquel ya lejano 1º de diciembre de 2018. Pero las cosas en el mundo real no funcionan así.

Quizás López Obrador había pensado retirarse a su rancho de Palenque, Chiapas, una vez que terminara su periodo presidencial; pero en la medida que los objetivos de su gobierno no se cumplen y el tiempo pasa, la desesperación presidencial comienza a ser notoria en las conferencias mañaneras.

Él quiere que su legado se extienda más allá de su sexenio 

Que el lopezobradorismo deje huella y sea un parteaguas en la historia de México. Pero conforme el tiempo pasa, los resultados no llegan y el presidente comienza a verse incómodo ya que siente que sus colaboradores le están fallando, que la corrupción sigue ahí, que su apuesta por el carbón y el petróleo no despega, que el sistema de salud está peor que nunca, que sus programas y apoyos sociales no funcionan para nivelar las desigualdades, que el crecimiento económico será muy pobre durante su sexenio y que la inseguridad está peor que nunca.

Ante esto, el presidente López Obrador insiste en que el legado de los gobiernos neoliberales es el gran lastre que impide avanzar a la 4T. Pero cuando ya casi llegamos a la mitad de su sexenio, esto suena más a una excusa que denota la incapacidad de su administración para cumplir con lo prometido.

Ahora, es de esperarse que, como parte de la narrativa oficial, el presidente haga énfasis en que hacer justicia es más importante que cumplir la ley. Que todo aquel que se oponga a sus planes es parte del conservadurismo que lo ataca y busca que sus planes no se cumplan. Lo cual para él resulta injusto.

Los ánimos en Palacio Nacional no son los mejores, y eso se siente y se proyecta. Estamos en un momento peligroso donde la concentración excesiva de poder que ha acumulado el presidente podría tornarse peligrosa para nuestra democracia.

En este contexto, cobran mayor relevancia las elecciones de junio próximo, donde el voto de los mexicanos podría poner un dique a los planes presidenciales de seguir haciendo lo que le venga en gana, poniendo en riesgo la viabilidad de nuestra vida democrática y nuestras libertades.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @UZETASUM

 

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