Opinión

Nostalgia por el pasado

López Obrador está dando un golpe de timón, que está llevando a México a convertirse en una isla que lo podría alejar del comercio y de las inversiones globales.
domingo, 4 de abril de 2021 · 18:45

Mientras millones de personas adelantamos el reloj una hora para entrar al llamado Horario de Verano, el presidente Andrés Manuel López Obrador insiste en retrasar el reloj, pero de la historia.

Son muchas las acciones de su gobierno que indican una peligrosa vuelta al pasado, a partir de la nostalgia y del mundo que él mismo ha construido en su cabeza y que, todos los días, se topa con la terca realidad.

Esa nostalgia por el pasado denota una obsesión por tratar de amoldar el mundo hacia sus creencias y recuerdos. Es tratar de perpetuar esa zona de confort que lo hace sentir seguro y en control de la situación.

Por fortuna, el mundo ha evolucionado hacia nuevas formas de hacer las cosas en todos los terrenos. Tanto en lo económico, como en lo social y lo político, nuestro planeta busca generar modelos sustentables de desarrollo que sean amigables con el ambiente, donde la inclusión y el respeto a los derechos de los demás sea la norma.

Sin embargo, en México, la nostalgia presidencial se está convirtiendo en una amenaza para la viabilidad del país. Por las reformas que AMLO ha emprendido, en el terreno energético, por ejemplo, en el exterior ya nos ven con recelo. Los inversionistas dudan de volver a apostarle a México.

Andrés Manuel López Obrador está dando un golpe de timón, que está llevando a México a convertirse en una isla que lo podría alejar del comercio y de las inversiones globales.

Él quiere una economía cerrada, alejada del mundo. Donde la centralización del poder económico vaya de la mano del control político. En su mundo, los empresarios ya no son aliados del desarrollo, son conservadores que lo critican porque han perdido sus privilegios y prebendas.

El habitante de Palacio Nacional se siente en control sin contrapesos, sin nadie que lo cuestione, sin voces que le indiquen que el rumbo que ha tomado es el equivocado.

La voz que él quiere escuchar es la suya. Por eso la mañanera se ha convertido en el monólogo más costoso y corrosivo para el país. Desde ese púlpito, López Obrador quiere imponer su visión del mundo, amoldar la realidad al tamaño de su ego, sus complejos y de su nostalgia por el pasado.

El prefiere moldear su propio reino, a partir del poder absoluto. El gran poder que tiene el presidente de México es para que le teman, como en el pasado. Para que la economía presidencial regrese, como en el pasado. Para que no haya respeto a los derechos humanos ni a las libertades, como en el pasado.

También ha querido imponer su realidad tratando de ocultar el gran fracaso que ha significado el pésimo manejo de la pandemia de Covid-19, la creciente inseguridad y el vertiginoso incremento de los feminicidios.

La inseguridad de López Obrador es del tamaño de su nostalgia por el pasado. Es en ese terreno, construido en su propia mente, y en los salones de Palacio Nacional, donde se siente a salvo. El mundo no es para él, por ello se ha empeñado en construir su propio reino.

No quiere que nada ni nadie lo distraiga en la construcción de ese lugar sustentado en la nostalgia. Cree que, con esa evasión de la realidad, su responsabilidad en el deterioro de las condiciones generales de nuestro país será menor. Pero el juicio de la historia será implacable con él y su gobierno.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @UZETASUM

 

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