Opinión

Termina la LXIV Legislatura

El periodo ordinario que termina dejó muchas enseñanzas y un caudal de reformas legales muy cuestionadas; entregaron a López Obrador las reformas que él deseaba.
viernes, 30 de abril de 2021 · 14:58

El jueves 29 de abril se clausuraron los periodos ordinarios de sesiones tanto del Senado de la República como de la Cámara de Diputados, con lo que prácticamente estamos en el epílogo de la LXIV Legislatura Federal. En los próximos cuatro meses, la actividad legislativa correrá a cargo de la Comisión Permanente y, excepcionalmente, podríamos ser testigos de uno o dos periodos extraordinarios de sesiones, siempre y cuando exista consenso entre los grupos parlamentarios para aprobar temas específicos. Con lo que sucedió anoche en el Senado, se antoja difícil que estos consensos se construyan antes de que concluya el proceso electoral del 6 de junio.

En retrospectiva, el periodo ordinario que termina dejó muchas enseñanzas y un caudal de reformas legales muy cuestionadas, pero me parece que, desde los años del Pacto por México, no se había legislado tantos temas tan complejos, en tan poco tiempo. Nadie puede negar que las reformas que se aprobaron son muy complejas y que se aprobaron en tiempos récord; nadie puede negar tampoco que la aprobación de estas reformas fue, cuando menos desaseada y, en muchas ocasiones hasta imprudente, pero eso, ya es historia.

Esta LXIV Legislatura y, en especial este periodo ordinario, nos dejarán enseñanzas que van a seguir instruyéndonos durante al menos todo este año y quizá parte del siguiente, pues varias de las modificaciones legales aprobadas, tales como las de la Ley de la Industria Eléctrica; las de la Ley de Hidrocarburos, tanto en su parte normativa como en la del artículo Décimo Tercero Transitorio; la reforma judicial, o las relativas a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, para crear el Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil (PANAUT), van a continuar en boga a través de los cientos o miles de juicios de amparo y acciones de inconstitucionalidad que se han promovido y que se irán resolviendo en los próximos meses.

Este periodo ordinario de la LXIV Legislatura nos ha puesto contra la pared, nos sacó de la zona de confort y nos enseñó que la democracia y las instituciones en México son muy frágiles. Podemos estar a favor o en contra de las reformas impulsadas por el presidente López Obrador, pero tenemos que reconocer que equivocadamente habíamos dado por sentadas muchas cosas que hoy ya no existen; tenemos que admitir que el Estado de Derecho que imaginábamos sólido y que evolucionaba en el camino correcto ya no está más con nosotros y que estamos frente a un proceso de cambio que, puede que no tenga rumbo, pero tiene fuerza.

Este periodo nos reafirmó también que no por tener mayoría de votos se tiene razón y mucho menos cuando se habla de razones de constitucionalidad o convencionalidad. Nos enfrentamos en estos meses a un ogro que se guía por deseos, que se mueve de manera volitiva, pero que no entiende razones, argumentos ni, mucho menos, fundamentos. El poder corrompe, pero también ciega, y a la 4T la cegó absolutamente; los miembros de la autodenominada transformación fueron incapaces de procesar una idea propia y se dejaron llevar por el instinto.

En alguna sesión de la Cámara de Diputados, una legisladora de MORENA acusó agriamente que la oposición los veía como fanáticos, incapaces de tener voluntad propia y que eso era falso. Infortunadamente para esa legisladora, pero más para México, la realidad es que, en los procesos legislativos importantes, los legisladores de la 4T (MORENA, PT, PVEM y PES) actuaron como autómatas.

Nadie puede negar que esos legisladores serviles cumplieron su cometido: entregaron a López Obrador las reformas que él deseaba, en los términos que él había mandado, pero al cumplir con ese objetivo, también sumieron al país en una espiral de incertidumbre jurídica que va a tardar meses o, incluso años, para resolverse en los tribunales. Muchos de los diputados que levantaron el dedo sin leer las propuestas, ya no volverán a la Cámara en septiembre, pero el daño al país se va a quedar ahí, horadando la certeza jurídica, la economía, los derechos humanos y la inversión privada. Tenemos que aprender de esto.

Lo que se nos presenta en el futuro inmediato es la intención de destruir los últimos diques institucionales que quedan: los organismos autónomos. Varios legisladores de MORENA, encabezados por el senador Ricardo Monreal, anunciaron hace poco que intentarán una gran reforma electoral concluyendo el proceso electoral, por ello, la configuración de la mayoría calificada en la Comisión Permanente era ayer el tema más relevante para el país. Afortunadamente, los legisladores del presidente López Obrador no contarán con esta mayoría en el Senado, lo que da esperanza de que, al menos de aquí a septiembre, no tendremos exabruptos legislativos. ¿Somos capaces de aprender de esto y votar en consecuencia el 6 de junio? La pelotita está en la cancha de nosotros, la ciudadanía.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @CLopezKramsky

 

Las opiniones vertidas en la sección de Opinión son responsabilidad de quien las emite y no necesariamente reflejan el punto de vista de Gluc.