Opinión

Contaminación y sociedad

La obsolescencia tecnológica y el crecimiento económico es tan solo un pretexto para seguir produciendo basura.
martes, 27 de abril de 2021 · 17:11

A propósito del Día de la Tierra he reflexionado sobre la necesidad de hacer un esfuerzo crítico sobre nuestras formas de consumo, desperdicio y desigualdad social. La conversación por el medio ambiente, no ha sido fácil, hemos pasado de criticar la emisión de contaminantes, la degradación de los bosques y selvas, de la proliferación del plástico y la destrucción de la capa de ozono a diferentes formas de ver cómo la degradación del medio ambiente constituye un elemento clave para perpetuar las desigualdades.

Los Objetivos de Desarrollo Sustentable buscan entrar a esta discusión y su slogan de no dejar a nadie atrás invita a reflexionar a gobiernos, sector privado, sociedad civil y a todas las personas en general sobre la importancia de erradicar la pobreza, proteger al planeta y asegurar la prosperidad. Claro, en medio de su implementación se ha cruzado una pandemia de niveles catastróficos, que ha aumentado la producción de basura y la pobreza, lo que ha retrasado el cumplimiento de objetivos.

Sin embargo, necesitamos hablar del medio ambiente en el aquí y el ahora, desde revisar nuestro consumo de ropa, alimentos, objetos, servicios, hasta nuestros desperdicios y los componentes éticos de nuestra dinámica económica individual y colectiva. Colectiva, comprendiendo que las consecuencias del cambio climático se verán primero en los más pobres y en los tradicionalmente desfavorecidos.

Porque necesitamos conectar la conversación de la contaminación con la protección social. En México la seguridad social está condicionada a los empleos formales, esto de por sí, ya reduce la posibilidad de acceder a las previsiones económicas de vivienda o de apoyos y ayudas familiares como guarderías y en el largo plazo mantiene un estado de precarización en quienes están fuera de este sistema.

Algunos otros programas sociales buscan reducir las brechas entre quienes pertenecen al sector formal y el informal, pero en general distan de acortar la distancia, solo la controlan. Desafortunadamente quienes padecen con mayor fuerza estas desigualdades son la niñez, los adultos mayores, las mujeres, los indígenas y los afrodecendientes. ¿Por qué?, porque viven imposibilitados a una vivienda digna en zonas de mayor riesgo ecológico, ya sea por estar cercano a instalaciones insalubres como tiraderos o plantas tratadoras o en barrancas, cuevas y terrenos que no tienen el mínimo de saneamiento y servicios públicos.

Segundo, necesitamos conectar a la tecnología con la producción de basura, porque el acceso a equipos de “punta” implica una mayor producción de desechos tecnológicos. Quienes más consumen este tipo de instrumentos son los que más ingresos tienen, porque el acceso a tecnología disminuye conforme se avanza en los grupos más desprotegidos.

Los gobiernos, incluido el nuestro, no han sido severos en la sanción de productos hechos con mano infantil. o en explotación irresponsable de recursos naturales o en el reciclaje y la estandarización de ciertos componentes, como el caso de los cargadores, por dar un ejemplo. La discusión se ha puesto en la disminución de uso de energía, que no está mal, pero es solo una parte de toda la contaminación que se produce.

La obsolescencia tecnológica y el crecimiento económico es tan solo un pretexto para seguir produciendo basura, contaminando con la minería de los componentes que se necesitan y precarizando trabajos de niños y mujeres en los países más pobres del mundo.

Resignificar el movimiento ecologista a uno que cuestiona el capitalismo, el consumo, así como a las estructuras de género y raza ha sido muy importante para darnos cuenta que la desigualdad económica también contamina.

Puedes conocer más del autor en su cuenta de Twitter: @P_Mancebo

 

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